lunes, 29 de enero de 2018

La resurrección del clítoris-Capítulo 7

A veces realmente considero la posibilidad de que Paula esté aprovechándoseme de mí. Dudarlo no es una simple fantasía impartida por mi mente para hacer de mi vida mental una realidad  aún más miserable porque los hechos están a la vista. Me conoció en uno de los peores momentos de mi vida y eso no es decir mucho cuando hablamos de una persona que sólo comenzó a vivir a los treinta años. Porque creo que empecé a darle sentido al cúmulo de hojas apiladas sobre la mesa del living y a la cantidad de horas mal gastadas caminando sin parar en busca de un empleo cuando Paula apareció en mi vida. Pero muy contrariamente al bastón emocional que yo encontré en ella como una posible motivación para hacer del mundo un lugar un poco más amable; Paula sólo se queda sentada mirando la tv mientras recoge las migajas de lo poco que hay en la heladera para comer. No busca trabajo, no hace nada para darme a entender que al menos se valora un poco más de lo que yo hasta el momento puedo hacerlo.
No nos unió el amor, nos unió el odio y el resentimiento de una sociedad destruida. Somos una generación de personas abandonadas confinadas en un sector específico de la sociedad en donde el aislamiento y la alienación se retroalimentan.
Y entonces crece la desconfianza porque también crece la desigualdad. Somos pobres y no tenemos mucho para dar porque tampoco tenemos mucho en qué creer. Tal vez por eso no confío en ella. Tal vez por eso nos amamos y nos detestamos en las mismas proporciones.

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