lunes, 29 de enero de 2018

La resurrección del clítoris-Capítulo 3

Quisiera poder conversar con una amiga sobre este ataque pasional que se apoderó de la poca inteligencia que aún conservo, pero soy una persona reservada y prefiero evitar ventilar mis defectos sobre oídos ajenos. Por eso es que bebo. Estoy acá sentada, bebiendo un poco de tequila con jugo de limón, abrazando la ilusión de poder saciar mis ansias de acorralar a Paula con preguntas cuando ésta se digne a volver al departamento. En casos como éste es cuando me cuestiono mi capacidad para mantener incluso relaciones de a dos. Creo que beber a veces puede ser mucho más sano que la sensación de desprotección que me produce el hecho de desnudar mis sentimientos frente a una persona. Pero la bebida usualmente no alcanza. No cuando el peso del agobio mental es demasiado grande y se construye lentamente un diálogo interno que no deja de palpitar en el pecho. Es por eso que adjunto mi estado de ebriedad  al papel para encerrar la catarsis en algún lugar seguro en donde nadie pueda verlo. Tal vez Paula debería hacer lo mismo…
Me recuesto un poco sobre un hombro y mirando al vacío me pregunto: “¿por qué mierda dejé que se fuera la alegría que experimenté hoy a la mañana?”. Si evalúo la situación detenidamente sé que caeré en un bache doloroso que pretendo evitar. Tal vez por eso el ataque programado por mi mente y estos repentinos celos.
Enciendo un cigarrillo y pienso: “¿por qué tengo que ser tan racional todo el tiempo? ¿Acaso no es importante descubrir un poema de tu actual novia dedicado a una ex novia?”.
No debo negar lo evidente: tengo celos. Estoy llena de envidia por esa atormentada veinteañera de cara bonita. Envidio la cantidad de posibilidades que aún le quedan. Porque todos esos años que he desperdiciado a favor de una vida estancada en pensamientos de mierda, ella los tiene para poder hacerse cada vez más bella y socialmente adaptada.
Porque yo no creo tener nada concreto para ofrecer más que un techo y un cama cómoda para que Paula (también desempleada como yo) pueda acurrucar esos sueños en los que su ex novia aparece como un fantasma.
No hay nada que pueda remediar mi malestar porque ni el dinero ni la posibilidad de empleo  podrían  llenar éste vacío. El amor hasta ahora funcionó tan sólo como un maldito placebo sobre el cual verter emociones que ya estaban muertas de ante mano. Tal vez porque yo ya estaba muerta cuando Paula me conoció. Porque cuando uno pasa tanto tiempo esperando por una oportunidad laboral que dignifique la integridad personal para poder desde ahí solventar un proyecto a futuro, como una carrera profesional, es imposible mantener una estabilidad emocional.
Pero Paula nunca entendería lo que estoy sintiendo…. No puede hacerlo porque más allá de la falta de dinero familiar que solvente un estudio, ella aún conserva la fuerza que le brindó la independencia de saberse importante, capaz….Entre Paula, su ex novia y mis celos hay 4 años de equivocaciones a favor de ellas…

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