lunes, 29 de enero de 2018

La resurrección del clítoris-Capítulo 25

Como tenía unos pesos de más y sabía que Paula está pasando por un mal momento, tuve la idea de invitarla a comer a uno de esos restoranes de comida libre que los Chinos han regado por toda la ciudad. Gracias a ellos Paula y yo podemos comer diariamente. En otras palabras podría bendecir a cualquier comerciante que se rehúsa a pagar impuestos a un Estado obsoleto y para unos pocos.
Pero otra vez hice todo mal. Al principio parecía entusiasmada pero luego su cara se transformó y me dijo que no tenía hambre, que prefería que guardase la plata, que ahorráramos.
Paula no entiende que yo hace mucho tiempo que vengo ahorrando. Paula no confía en mi manera de administrarme.
Tal vez Paula simplemente no confía en mí.

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