lunes, 29 de enero de 2018

La resurrección del clítoris-Capítulo 24

Fallé nuevamente. No fue suficiente quedarme dormida a la mitad de la película, ni tampoco ser imprescindible dentro de esa noche de viernes que se diluyó lentamente sobre el correr de las horas no vividas.
Y desperté demasiado temprano. Me quedé observando como Paula dormitaba entre un sonido ahogado en el cual su pecho se desvanecía sobre el humo acumulado que, también, duerme sobre sus pulmones.
Luego una llamada de mi padre. El rescate emocional y económico que le hacía falta a nuestras vidas. Hablando con mi padre de la soledad, de la miseria, de éste país tan alejado de la realidad palpable en donde las desigualdades y el resentimiento son la bandera que nos representa. ¿Y todo para qué? Para contentar a algunos pocos intelectuales de la comunidad homosexual que se sintieron conformes porque se supone que una ley los inserta en la burocracia de la sociedad.
Mentiras. Mentiras y más mentiras.
No hay comunidad. No hay fronteras  porque estos conceptos que el mundo maneja son puras abstracciones a las cuales tenemos que apegarnos como ciudadanos del universo. Pero si ese es el juego que hay que aprender a jugar, entonces ruego por una mínima posibilidad de irme lejos, lo más lejos posible de éste país. No necesito dinero. No necesito una inserción social, yo sólo quisiera crecer como una persona que tiene ideales y que no se contenta con el snobismo de ser parte de una “comunidad”. Yo necesito hacer concretas esas ideas. Hoy lo entendí y sé que ese es mi sueño.

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