lunes, 29 de enero de 2018

La resurrección del clítoris-Capítulo 18

No importa cuán enojada pueda llegar a estar ni cuanta represión pueda acumular en el camino porque la verdad está a la vista: no hay otro camino que el resentimiento.
Después de tanto darle vuelta al asunto tuve la valentía de verle la cara a la realidad. Puedo decir con seguridad que no son los momentos agradables los que mi cuerpo debe consumir a diario…pero hay muchas otras habilidades que desde el engaño y la negatividad me mantienen con vida. Hace unos días pude decirlo con soltura: “Si no es Paula, es la muerte.” ¿Suena amenazador? ¿Es que estoy actualmente, y justo en éste preciso momento, siendo lo suficiente amenazadora como para continuar pareciendo impulsiva y torpe? ¡No!, todo eso se acabó…Ya no tengo motivos para demorarme en sentimentalismos dentro de la gran escena que debo representar día a día en éste ridículo espectáculo de títeres.
Sí, lo sé…Paula no debería ser un malestar, ella no tiene la culpa de ser lo suficiente importante como para no poder evitar su presencia y endulzarme de ella para contrarrestar la agresividad.
A vece siento que la diferencia se hace notar de una manera tan vulgar que no puedo silenciar mis pensamientos; de todas maneras es importante no dejarme llevar por cada uno de ellos…
Las cosas han cambiado y he estado tan expuesta frente a todos éstos extraños sumamente parecidos que no puedo, simplemente, permitir que mi autoestima se derrumbe así como si nada hubiera sucedido.
Paula es una buena persona después de todo, lo que no me lleva de una manera efectiva a cerrar los ojos y esperar con paciencia a que el futuro aparezca por acto de magia. Hay que esforzarse lo suficiente para poder encauzar nuestros caminos, y aunque me he dejado fluir lo suficiente para que lo nuestro resulte, sé que “algunas” cosas han estado fuera de lugar…
Celos: emociones que desarman éste pedestal en donde cuidadosamente nos he puesto a ambas. Quiero sentirme muy segura de que somos y seremos siempre dos mujeres respetables y admiradas por nuestra humanidad….Esa humildad que el ego despelleja. Es por eso que debo curtir mi piel…Es necesario ser brillante y vanidosa…Debo convertirme en ese genio silencioso que sólo sabe cuánto vale cuando está a solas encerrado en una habitación con su propia sombra.
Estuvimos trabajando  con Paula durante nueve meses… ¡Todo un parto! Estos son momentos decisivos. Es ahora cuando el telón se sube para demostrar la verdadera cara de cada uno de los personajes de ésta increíble historia de amor.  Porque más allá de la seriedad con la que nos tomamos la rutina, siempre está el maldito ego insultando la astucia de las potencialidades que están latentes por hacer de ésta pareja una auténtica relación basada en la complicidad.
Por el momento sé que no podré decirlo en voz alta. No es tan sorprendente para mí, después de todo éste diario empezó siendo un experimento con el único objetivo de alimentar a Paula de cosas positivas que la mantuvieran alejada de lo que el mundo denominaría como mi “locura”.
Pero después de tanto pujar…Después de hacer tanta fuerza para consolidar desde la ausencia de los sentimientos maternales que me preceden, algo sustentable, puedo decir con seguridad que algo importante ha nacido de todo esto: la resurrección de un nuevo y más ennegrecido futuro se posó sobre mi mente. Una nueva idea oscura por desarrollar está aumentando mi energía, incluso en aquellos días en los que todo parece estar cuesta arriba.
La inseguridad nos sobresalta de vez en cuando con el manejo inútil de una tecnología obsoleta. Absurda y sin sentido. Nuestros trabajos y la exposición de los mismo atentan en contra del amor que nos tenemos. Éste amor que hemos construido…
La semana pasada, por ejemplo, en la cual enfrentamos a la ira con golpes e insultos, fue producto de un mensaje de texto que recibí al celular de un fulano que nunca en mi vida conocí. Debo confesar que dude del círculo de amigas de Paula e incluso de ella misma que se desvela pensando qué hacer con mis impulsos de hembra sobreprotectora. Creí en la posibilidad de que, tal vez, fuera ella quien me estaría dando una lección de su intachable comportamiento ante semejante disparate. Demostró su confianza, y sé que espera que yo haga lo mismo. Pero la verdad yace oculta sobre éstas páginas. La verdadera realidad de los hechos está impresa en un pasado no muy lejano y sólo hoy me animé a enfrentarlo poniéndome a la altura de las circunstancias. Porque lo que Paula no sabe es que estoy enferma de resentimiento. Ella no sabe acerca de mi familia ni de la decisión que he tomado al respecto. Nadie sabe de mi inteligencia. La frialdad con la que puedo afrontar las situaciones cuando de familia estamos hablando. He decido dejar de sufrir, y para hacerlo debo ir descuartizando a cada miembro. Después de todo ésa es la única razón por la cual sigo aquí, en ésta mugrosa ciudad. Nada me detendrá cuando obtenga lo que merezco…Aquello que no tuve y que hoy se hace evidente que no tengo…



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