lunes, 29 de enero de 2018

La resurrección del clítoris-Capítulo 16

Hablé con la almohada repitiéndome una y otra vez si era reamente necesario pasar por ésta tortura. También me llamé a mi misma y tuve conversaciones sin respuestas mientras acumulaba mi neurotismo dentro de la casilla de buzón de voz de mi celular. Ahora tengo evidencia guardada de esos estúpidos momentos de inconsciencia. Me pregunta “¡¿por qué?!”.
Probablemente me haya estado dando cuenta de que al convivir con Paula, un ser humano con una identidad marcada producto de la subjetividad que encierra dentro de ella tantas cosas que aún desconozco, la actitud que estoy teniendo es patética.
No hay un solo puto día en el cual no haya un planteo por el cual desgastar las pocas horas que la rutina nos permite estar juntas, y que no conversemos  extensamente  unas dos o tres horas. El tema central está a la vista: ansiedad. Pero aun así sabiéndonos tan inteligentes como para darnos cuenta, no podemos, simplemente, dejarnos llevar por la racionalidad para concretar nuestras acciones. Nos hemos cuestionado tantas veces qué tan compatibles somos una para la otra que ya no sé si la relación alguna vez se convirtió en algo serio…Una relación desde el compromiso sentimental.
Paula está cansada. Pude verlo hoy en sus ojos llorosos luego de almorzar  cuando sin decir una sola palabra se levantó de la mesa, caminó unos pasos hasta la habitación y se cubrió con una manta hasta la coronilla.
Fueron días difíciles…Nos hemos embarcado en un proyecto que por momentos nos resulta utópico, pero que sin darnos cuenta está sucediendo. Lo lógico que a veces, y desde la ceguera mental, suele disfrazarse de paradójico son éstas crisis de neurosis, celos, desconfianza, desidia y malestar continuo que padecemos desde que nos conocimos. Sucedió todo tan maravillosamente rápido que no quisiera se que consumiera con la misma  intensidad con la cual se construyó lo que lentamente estamos viviendo. No es justo para mí, pero dejando de lado el narcisismo, es mucho más injusto para Paula. Ella se merece todo lo mejor que pueda ocurrirle, y quiero poder ser yo esa persona que aligere sus miedos, alimente sus ganas contemplando el valor que sé que tiene para enfrentar cada uno de los obstáculos.
Pero algo terrible sucede en mí. Algo siniestro, oscuro. Una reivindicación constante de traumas irresueltos me acecha la mayor parte del tiempo.
Es por eso que no podemos estar en paz. Principalmente por mi culpa. Mi maldita culpa y, lamentablemente, esas ganas autodestructivas de permanecer dentro de ese círculo vicioso dentro del cual genero situaciones problemáticas para ser la culpable.
La manera en la que suelo relacionarme con las personas que amo es enfermiza, y lamento la crueldad, pero sé que mi inconsciente se las ingenia para que mi madre esté presente desde su muerte en ésta etapa de vida….De la vida real, lejos de los automatismos.
No importa. Ahora sólo es importante el momento que estamos tratando de regalarnos, como si de una recompensa se tratase, dentro de la cual mi culpa celebra su rol de victimaria. Porque aún, y más allá de mis terribles defectos, sé que Paula no me conoce. No ha llegado todavía al punto máximo en donde el amor resurge y me vuelvo una persona segura de sí mima que puede valerse por lo que es y no por las escenas caprichosas que monta cada noche.
No, esa no soy yo….Como tampoco soy esa persona neurótica que de manera extremista busca el placer a costas de cualquier circunstancia extrema que pueda plantearse.
Tampoco soy parte de la familia en la que me ha tocado vivir.
Muy a pesar  de la primera y última cena que he vivenciado en la casa de la familia de Paula, pude comprender que odia a una estereotipo de la sociedad con el cual yo tampoco me siento de acuerdo. Esa incomodidad nos une, y es ello lo  que llevará adelante todos los proyectos que hemos construido, como si de una efímera ilusión se tratase…Porque, ahora, que impulsivamente hemos decidido despejar la mente y viajar  éste fin de semana largo hacia el country de una de mis tías, sé que fortaleceremos la confianza en saber que ninguna está al lado de la otra por conveniencia. Eso no existe. Ese pensamiento hay que erradicarlo de raíz. Por eso, y volviendo a las raíces del árbol genealógico que me precede, arrancaré con furia cualquier tipo de mandato que subyace de manera oculta en mi inconsciente. Abrazaré a la persona en que me he convertido y, desde la diferencia juntaré las migajas que aquellos que comparten mi sangre quieran donarme. Una vez que me libere de las estigmatizaciones podré ser libre para amar y respetar a Paula como en verdad ella lo merece.
Una vez más nos mezclaremos entre la muchedumbre de quienes nos arruinaron la vida; pero al menos éste fin de semana y con nuestra diversión acuestas (muy a pesar de mis ataques de nervios y las dudas que te he tenido antes de viajar)  nos vengaremos de todos tan sólo permaneciendo unidas y…felices.


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