lunes, 29 de enero de 2018

La resurrección del clítoris-Capítulo 15

Puede que sea la persona más egoísta del mundo y que por eso mi destino sea vivir en soledad siendo una persona infeliz, tal vez rodeada de gatos. Porque pasa el tiempo y siento que dentro de ésta relación patética, infantil y totalmente aislada de la realidad del mundo, me he convertido en un monstruo.
La escucho a Paula llamando desde la cocina mientras prepara la cena  mientras yo debería estar estudiando o al menos preparando mi clase para mañana:

-Martina ¿cómo condimentas la salsa?-

-Con una cabeza de ajo, media cebolla, sal, pimienta y orégano…-
Pero qué ganas de gritarle en la cara que la odio en las mismas proporciones en que la amo, y qué difícil se me hace permanecer quieta sabiendo que todo se viene abajo.

Creíamos haber superado la mala racha pero la enfermedad está entre nosotras y ahí es en donde yo tomo el mando y me mantengo firme sin pestañar ocultando mi envidia, mi bronca por verla tan entusiasmada…Tan liberada de estar lejos de su familia gracias a mi gran actuación de la semana pasada.
Esta relación no tiene sentido. Mis palabras de amor están disfrazadas de rencor y resentimiento debido a mi incapacidad por ser enteramente feliz. El odio se posa sobre mis ojos y sólo puedo observar como los días se consumen entre discusiones y planteos.
Esta vez son nuevamente los celos. Celos por ese futuro que tanto imaginé dentro de un mundo apacible, tranquilo: sólo Paula y yo y que hoy sea desvanece por completo.
 Pero la simbiosis no es una buena compañera para una persona que pretende ser estrella de rock o hacerse famosa y vivir el sueño de su vida.
La agresión amerita y entonces brotan palabras negativas de mi boca. Quien hiere más intensamente es quien se lleva el premio dentro de ésta parodia absurda en donde ni siquiera podemos apelar a la risa como última opción.
Hace una semana exactamente que estábamos por separarnos definitivamente. Al parecer ya se me hizo costumbre verla a Paula acomodando su ropa dentro de su bolso raído y sucio, mientras yo imploro por dentro por volver el tiempo hacia atrás….Tal vez nunca haberme tomado ese colectivo y haberla conocido. El amor me hace mal. Soy hija del resentimiento. Probablemente todo análisis que he hecho sobre Paula con anterioridad ha sido una simple proyección de lo que en verdad me he convertido. Quizá sólo somos demasiado parecidas, y nos une el sentimiento de rechazo social de una manera extremadamente distinta, pero en donde el resultado es el mismo: mierda.
Paula decidió que el arte podía ser un refugio para nuestros conflictos. Creyó realmente que podía salvarnos o volver a unirnos. Pero yo veo un futuro sombrío en mis días. No puedo amar de una manera sana. No creo haber obtenido amores sanos en ninguna parte…No sé de qué se trata todo eso que denominan “amor”.
Nos las hemos pasado publicitando cada una lo que hace con sus emociones. Ella con la música, yo con la literatura. Pero nada funciona ni funcionará si mis celos siguen manteniéndose vigentes. Estoy alerta aún más hoy sabiendo que sólo me quedan unos veinte días de ilusión. Ilusión de vernos tan juntas…De observar a Paula esperando por mi llegada mientras a mi me consumen los nervios por pretender crear una realidad paralela dentro de una rutina que no soporto. Porque sólo me importa estar a su lado. Ya nada tiene una relevancia significativa para lo que soy en donde Paula no sea el centro de atención.
Es simbiótica mi manera de relacionarme. Dependo emocionalmente de Paula. De ella y a través de ella me he alimentado….De sus angustias, de su sonrisa, de sus ganas intrincadas…De todo y cada una de las partes que conforman su persona.
No puedo seguir sufriendo de ésta manera. Sé que estoy envenenada. Quizá muera nuevamente como una rata solitaria…Quizá o si hubiera ingerido el veneno sufciente Paula nunca hubiera existido en mi vida porque yo ya estaría muerta.
Lo sé, estoy entrando en pánico porque Paula se va de casa… Porque ya no vivimos sobre un verano tormentoso en donde una dependía de la otra para subsistir emocionalmente. Ahora son los condimentos los que amenazan por destruirlo todo. Esa adrenalina que Paula necesita para vivir y que yo tanto detesto.
La vida tiene que  ser más plana. No deberíamos ser tan ambiciosas y sólo contentarnos con la presencia de una junto a la otra…Porque así es como me siento desde que Paula quiso retomar sus estudios en la música. Lo paradójico fue que yo fui la primera promotora en incentivarla en ese proyecto. Seguramente para ese entonces no había llegado a enamorarme de la manera obsesiva en la cual lo hice hasta ahora.
 La escucho hablar de su pasado y me angustia imaginarla en los brazos de otra mujer…
La observo totalmente compenetrada utilizando los medios interactivos de las redes sociales promocionando su arte a todas esas pendejas inútiles que sólo les interesa mostrar sus cuerpos en una página de Internet. Pero yo no quiero eso…Yo no quiero que la parte mundana de la relación. Rechazo de la misma manera en que lo han hecho conmigo, cualquier forma de contacto social. Odio la sociedad y ahora que Paula está tan motivada con ser parte de todo eso, la odio a ella también.

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