lunes, 29 de enero de 2018

La resurrección del clítoris-Capítulo 11

Cuando mi madre me abandonó, o al menos así fue como yo lo sentí, el mundo como hasta el momento lo conocía, desapareció por completo. No creo que Paula pueda entender eso…Dudo mucho, también, que mi padre pueda llegar a entenderlo. Porque su cabeza trabaja de una manera distinta, incluso en el arte no llega a expresarse utilizando como herramienta la emoción porque, desde como yo lo veo: no vive como un artista. Para él el arte es un simple juego, un capricho para realizarse desde la profesión que él siempre quiso tener. A veces me pregunto qué hubiera hecho con su vida si su madre lo hubiera abandonado: ¿Habría elegido lo mismo que eligió hace cuarenta años atrás?, ¿Sería un hombre de negocios? No importa mucho ahora, porque más allá de sus deseos más primitivos sigue siendo un hombre de negocios…, aún, incluso cuando desde un lugar totalmente snobista dice ser lo contrario.
Las conversaciones que compartimos son usualmente programadas por mí: mates en su casa, algún que otro almuerzo, y esas escurridizas palabras que repetimos como si de una actuación se tratara cada vez que trae a mi hermanita a  casa y se queda parado en la puerta con temor a que le pregunte si quiere subir a compartir unos minutos de mi vida.
Usualmente suelo pensar que sólo me brinda su ayuda con el único objetivo de salvarse el culo cuando la mierda le llegue a la conciencia, y entonces caiga en la cuenta de que es responsable de tantas cosas que me pasaron…Después de todo no soy otra cosa que una parte del fracaso de lo que fue su primer matrimonio. Tal vez por eso yo aprendí a verme, también, de ese modo.
Pero…entonces, ¿qué pasa con Paula? ¿Por qué ella también lucha constantemente con el deseo que a veces asoma sobre aquellas frases que repite sin medida cada vez que discutimos y arma el bolso para irse lejos de ésta casa?...de éste amor…
Probablemente, y engendrada desde el fracaso me he convertido sin darme cuenta, en una persona de mierda.



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