lunes, 29 de enero de 2018

La resurrección del clítoris-Capítulo 30 FINAL

No me importa absolutamente nada. Ni las pelotudeces que se ha atrevido a decirme Paula, ni la cantidad de teorías que el mundo y sus particularidades  tienen para encasillar con subjetividad el malestar de aquellos que sufren circunstancialmente.
Porque todos tenemos un muerto en el placard y Paula es la menos indicada para venir a ponerse moralista al respecto luego de su turbio pasado de delirios místicos y un contagio emocional que mantuvo con su última pareja que padecía una fuerte esquizofrenia.
¡Sí!, estoy enojada con Paula debido a la reunión que preparó cuidadosamente como si se tratara de una intervención concerniente a un maldito adicto.
Se encargó de comunicarse con mi padre y con descaro esperó a que volviera de mis clases de yoga para explayar su descaro.
 Al parecer se tomó el día en el restaurant para armar todo el circo, ya que usualmente a la hora que vuelvo de trabajar ella está en su turno vespertino. Pero es evidente que cuando el compromiso se hace demasiado pretencioso desde la óptica de personas que poco se han comprometido a compartir los malos momentos ajenos, el malestar se convierte en un pedido de auxilio desde el máximo esplendor de individualismo.
Cualquier tipo de intervención de éste estilo, juro no es pertinente bajo ningún tipo de circunstancia, incluso a pesar de mi depresión. Ejerce el efecto opuesto, y yo estoy aquí sentada escribiendo sobre ello porque es necesario que la otra voz se haga presente. Emane desde los poros de mi piel despedaza y a punto de reivindicarse con un grito de deshago que desde el accionar está pronto a ser propagado.
Al llegar abrí la puerta con un cigarrillo entre mis labios, y  que al ver a mi padre y a Paula, sentados en el sillón de mi departamento mirándome fijamente, se cayó precipitadamente sobre la alfombra de entrada. Mi reacción fue quedarme unos instantes parada sin entender qué era lo que exactamente estaba sucediendo allí. Pero fue en ese preciso momento en que Paula gritó desde el sillón:
-¡Martina se va a incendiar la alfombra!, ¿No te das cuenta de que se te cayó el cigarrillo de la boca?-
Sin responder a su insolente e humillante pregunta me arrodillé sin apartar mis ojos de los de Paula y con un gran escupitajo apagué la braza del cigarrillo como si poco importara algo de lo que pudiera suceder luego.
Me arrimé  con pasos desganados hacia el living y encendiéndome otro cigarrillo pregunté con sarcasmo:
-¿Pasó algo? ¿Se murió alguien?-
- No exactamente-contestó mi padre-
-¿Entonces para qué viniste?- e inmediatamente sin dejarlo responder, proseguí- El depósito de éste mes me llegó asique no entiendo porque estás acá si nunca en la puta vida te interesaste por mí… Aparte creí que habíamos acordado que no yo molestaría más con llamadas desesperadas cuando necesitara tu ayuda ya que tanto te joden mis problemas…-
Paula intentó, con una de sus estrategias siempre tan intrincadas, bajar el nivel de tensión que mi honestidad  estaba causando:
-¿Por qué mejor no tomamos algún cafecito para relajarnos un poco?-
A lo que de manera irónica respondí:
-Yo prefiero una medida de whisky sin hielo…me sirve más que el café para relajarme. Aparte, si bien tengo entendido, el café es un estimulante del sistema nervioso…-
Paula quedó sin respuestas mientras mi padre suspiró largo y tendido sobre la impotencia de haber criado una hija tan patéticamente infantil.
Me quedé observando la situación unos segundos y luego de poner en el tapete mental cada uno de los pros y las contras de mantener a éstas personas en mi vida, busqué las llaves entre los bolsillos de la campera que aún mantenía puesta y me limité a decir:
-Paula: te agradezco de manera irónica tu intromisión en el tema y, por sobre todo, el lavado de cerebro que te has encargado de hacernos a todos éstos meses para sacar provecho del dinero de mi familia. Pero… ¿Sabés qué? Ya no tengo nada bueno para darte porque es evidente que vos tampoco querés comprometerte en ese nivel de intercambio desde la reciprocidad. De modo que mientras ustedes se toman el cafecito yo me voy por ahí a tomar mi medida de whisky y cuando vuelva a mi departamento quiero que hayas desaparecido de mi vida para siempre. Y con respecto a vos viejo, si realmente querés ayudarme, seguí haciendo los depósitos mensuales y tu amor será muy bienvenido.
Sin esperar respuesta me dirigí a la puerta y  fui suspirando sobre un eterno alivio de saberme tan patética pero, finamente, feliz conmigo misma.


La resurrección del clítoris-Capítulo 29

Aunque me siento terriblemente angustiada, al mismo tiempo sé que debo mantener la calma para evitar de esa manera perder el poco equilibrio que aún me queda. Hoy especialmente he sentido que todo lo que he hecho hasta el momento con mi actitud un tanto egocéntrica han llevado al punto del hartazgo a todo aquellos que en algún han tenido mi estima y en quienes confiaba: otra vez mi familia.
Un simple llamado a la persona más verborrágica y sin un poco de sentido de la diplomacia, me ha dicho lo que menos necesitaba escuchar. Y yo que ha sabiendo siempre he tenido consciencia de sus limitaciones, no pude hacer otra cosa que sumergirme en un profundo ataque de llanto.
Su dictamen fue resumido en una sola frase: “Estoy muy contenta porque tu padre me ha estado llamando y me comunicó que por suerte te habías dejado de joder tanto con llamados desesperantes a cualquier hora y, que desde que están con Paula ya no  le causás tantas molestias.”
Hoy, particularmente, y siendo un día en donde me he podido concentrar de manera introspectiva en cada uno de mis errores, me he dado cuenta de que quizá lo mismo he estado haciendo con Paula: causarle molestias. Es por eso que he decidido despegarme completamente de todo vínculo afectivo que pueda mantenerme atada desde la culpa a cualquier persona, pero especialmente a aquellos con los que establezco un lazo sanguíneo. De manera, tal vez, un tanto extremista, sé que debo acudir al silencio. No hablaré ni le comunicaré nada a Paula de lo sucedido. No tiene sentido, de hecho sería ahondar más en ese estado neurótico del cual reniegan ciertas  personas que, evidentemente, no tienen ningún tipo de interés en mí.
Debo quedarme callada y no compartir mis sentimientos con nadie. No soy imprescindible para nadie, y eso es la única realidad palpable que es importante que internalice. Es por ello que necesito ser extremista, o al menos tomar mis decisiones desde ese punto de partida, quizá y, desde la historicidad, es lo único que hasta ahora me ha brindado un resultado posible a concretarse.

La resurrección del clítoris-Capítulo 28

No he actuado de la manera debida o como al menos lo había planeado. No pude reaccionar ante la ausencia de Paula. He querido mantener mi actitud de individualismo impuesto que estratégicamente había trazado para los últimos días. Creo que esa sonrisa que por momentos resurge en su rostro termina con cualquier vestigio de resentimiento que pueda haber acumulado. Cuando la aceptación aparece no puedo hacer más que disfrutar de cada minúsculo gesto de amor que ella pueda brindarme. Soy tan débil. Quizá esa sea la única respuesta que necesito realmente para mantenerme en paz: Paula.

La resurrección del clítoris-Capítulo 27

Estoy harta de sentirme tan malditamente insegura en ésta relación. Paula parece no reaccionar ante mis pedidos de afecto. No me registra ni le importa lo que ocurre aquí adentro, en mi hogar. En éste frío refugio de sumisión al que decidí adaptarme. Los días se traducen en mentiras y, desde ahí, una necesidad de autoconvencimiento que aletargan la partida. La partida de Paula o la mía.
Paula se ha convertido en un autómata. Sólo dice lo justo y necesario para poder continuar con ésta fachada que impuso con la única convicción de progresar económicamente a costillas de personas ajenas a ella. A diferencia de mi actitud ante ésta realidad que se presenta con migajas de dinero que sustituyen la falta de ganas por dar afecto, Paula no acepta ni es capaz de ponerle un nombre a ésta ayuda que mi familia nos brinda a conciencia. Nos subestima y me subestima. Es demasiado orgullosa para dar el brazo a torcer y definir la realidad que vivimos desde la necesidad real de mantenernos un tiempo considerable como “mantenidas”. Yo ya no siento culpa porque aprendí que si me permitiese llenarme de esos sentimientos me reduciría a convertirme en un ser aún más resentido de lo que soy.
No acepta, tampoco, la ayuda de su familia pero negando nuestra evidente situación, actúa con disimulo y desenfado ante la obviedad de que ella también está viviendo del dinero de mi familia. Sólo ha tranzado con su orgullo para alejarse de una asfixiante estructura familiar y desplegando la astucia inconsciente ha sabido establecer una estrategia para depender de la mía. Mi estructura familiar que yo también rechazo pero que me he resignado a saberme dependiente por puro beneficio. Después de todo ese es el pacto silencio que establecimos con los míos.
Es por eso que actúa con ceguera ante mis reclamos por hacer pública ésta oportunidad a la cual en éste momento estamos inmersas, al menos  hasta que logremos obtener lo que queremos: ser profesionales.
La rutina a la cual se ha adecuado es perversa, cruel y no tiene nada que ver con todas esas teorías sobre las cuales se ha explayado tantas veces desde esos interminables discursos embriagados de sábados a medianoche.
Sale de temprano a trabajar en el restaurant y no llega a casa hasta pasadas las once, cuando la comida ya está servida y pocas ganas le quedan para hacer el amor o compartir unas cuantas palabras a las que luego podamos llamarla “comunicación”, sólo para entonces, no sentirnos tan desarraigadas una de la otra.
Ya no atiende mis mensajes de texto.
Ya no comparte lo que en algún momento trazamos sobre nuestro destino como una “proyecto de a dos”.
Ya no nos une nada…
Es por eso que he decidido trabajar sobre mi autoestima para poder desplegarme desde esa base y vaciarme del amor que le tengo hasta que me sienta lista para emprender el tan esperando “adiós”.
Tal vez ya no le deje más cartitas motivantes pegadas en las paredes. No habrá mensajes comunicándole en donde estoy o preguntando si necesita algo para simplificar su rutina.
Estoy muy cansada, y sé que es momento de implementar mís teorías de venganza.
Sólo hoy me he dado cuenta de que al conocer a Paula he repetido la historia que tuve con mi madre: el abandono.
Es momento de devolver lo que he recibido.

La resurrección del clítoris-Capítulo 26

Las cosas no han cambiado mucho desde la última vez en la que decidí hacerle frente a la incomodidad que Paula demuestra sentir hacia mis actitudes. De hecho, podría decir sin tapujos que me  mantuve inquieta mentalmente, totalmente abstraída de la realidad porque en un algún momento de poca lucidez consideré que aquella era la mejor opción: evadirme. Pasé noches enteras embriagando mis pensamientos en whisky mientras Paula dormía.
Los últimos cinco días se han reducido a establecer una relación estrecha entre el desconsuelo que me produce saberme tan cerca del final. Es por eso que opté por el silencio inmaculado que tantas promesas ilusorias me brinda. El dolor generé una nueva forma de abordar la rutina. Durante los días la palidez de éste amanecer amarillento e inestablemente otoñal me la pasé acurrucada sobre la cama esperando a que Paula regresara de trabajar, sólo para emprender una gran actuación en a que he tratado de mostrarme emocionalmente en paz rogando por sentir una vez más las manos de Paula sobre mi piel. Pero nada de ello sucedió. Todas las noches lo mismo: su cuerpo tan cerca del mío ahogándose con el mismo suspiro que denotaba una exceso de hastío hacia mi presencia para luego desfallecer incansablemente sobre un profundo sueño que me permitía ir a hurtallidas hacia la cocina, abrazarme a la botella de whisky hasta que el  reloj marcase las 5.am y volver a la cama como si mi cuerpo no se hubiera movido de ese lugar tan patética que ahora me toca ocupar. Y todo aquello… ¿para qué?...Para no decir ni dejar documentado en ningún lugar lo que verdaderamente odio de todo esto.

La resurrección del clítoris-Capítulo 25

Como tenía unos pesos de más y sabía que Paula está pasando por un mal momento, tuve la idea de invitarla a comer a uno de esos restoranes de comida libre que los Chinos han regado por toda la ciudad. Gracias a ellos Paula y yo podemos comer diariamente. En otras palabras podría bendecir a cualquier comerciante que se rehúsa a pagar impuestos a un Estado obsoleto y para unos pocos.
Pero otra vez hice todo mal. Al principio parecía entusiasmada pero luego su cara se transformó y me dijo que no tenía hambre, que prefería que guardase la plata, que ahorráramos.
Paula no entiende que yo hace mucho tiempo que vengo ahorrando. Paula no confía en mi manera de administrarme.
Tal vez Paula simplemente no confía en mí.

La resurrección del clítoris-Capítulo 24

Fallé nuevamente. No fue suficiente quedarme dormida a la mitad de la película, ni tampoco ser imprescindible dentro de esa noche de viernes que se diluyó lentamente sobre el correr de las horas no vividas.
Y desperté demasiado temprano. Me quedé observando como Paula dormitaba entre un sonido ahogado en el cual su pecho se desvanecía sobre el humo acumulado que, también, duerme sobre sus pulmones.
Luego una llamada de mi padre. El rescate emocional y económico que le hacía falta a nuestras vidas. Hablando con mi padre de la soledad, de la miseria, de éste país tan alejado de la realidad palpable en donde las desigualdades y el resentimiento son la bandera que nos representa. ¿Y todo para qué? Para contentar a algunos pocos intelectuales de la comunidad homosexual que se sintieron conformes porque se supone que una ley los inserta en la burocracia de la sociedad.
Mentiras. Mentiras y más mentiras.
No hay comunidad. No hay fronteras  porque estos conceptos que el mundo maneja son puras abstracciones a las cuales tenemos que apegarnos como ciudadanos del universo. Pero si ese es el juego que hay que aprender a jugar, entonces ruego por una mínima posibilidad de irme lejos, lo más lejos posible de éste país. No necesito dinero. No necesito una inserción social, yo sólo quisiera crecer como una persona que tiene ideales y que no se contenta con el snobismo de ser parte de una “comunidad”. Yo necesito hacer concretas esas ideas. Hoy lo entendí y sé que ese es mi sueño.

La resurrección del clítoris-Capítulo 23

Luego de la discusión Paula se fue a la casa de una amiga pidiéndome que pensara si realmente quería estar con ella, lo cual me pareció extraño, considerando que en mi carta, y debido a los problemas que en el pasado le he causada y mi interpretación acerca de su malestar y la poca comunicación sobre sus sentimientos creí que quien debía replantearse qué quería de la relación era ella. Más aún si me retrotraigo al domingo pasado que una tontería doméstica desencadenó una discusión y fue ella la que me planteo que la relación no funcionaría. Y el círculo parece continuar porque cuando Paula volvió al departamento me explicó que debía entender que si ella tenía un problema conmigo me lo diría pero que no todo lo que le pasaba tenía estrictamente que ver conmigo. Me dijo de ir a comprar la comida para ésta noche y hasta el momento no ha dejado de evitar mis besos o cualquier acercamiento que yo intentara.
Le dije que yo sí quería continuar con la relación, pero eso no pareció satisfacerle porque su malestar se traslucía en sus ojos. Le pregunté si quería ella quería continuar con la relación y se enojó porque según ella mi pregunta tenía una respuesta obvia. Según ella el simple hecho de decirme de ir al supermercado hacía evidente su respuesta. Pero yo no estoy tan segura de ello, considerando que no quiere tener ningún tipo de contacto físico conmigo y cada propuesta que le propongo se resumen a un suspiro interminable que ya no sé que significa.
Me animé a preguntarle si quería salir con una amiga para despejarse, cambiar de aire. Pero ese tonto comentario pareció agobiarla aún más.
-¿Desde cuándo salgo con mis amigas durante éste período en el cual estuvimos de novios?-
Yo sólo quería hacerle entender que no me molestaba, que los celos quedaron en el pasado y que estoy dispuesta a hacer de ésta relación un compromiso desde la sanidad mental.
Pero nada parece satisfacerla y yo ya no sé de qué manera comunicarme para no hacerla sentir cómoda.

La resurrección del clítoris-Capítulo 22

Al parecer mi estado alcoholizado fue producto de unas cuantas represiones de sentimiento egoístas que no se manifestaron ésta vez por los celos. Pero luego de semejante angustia decidí que mantener firme frente al autocomplacimiento era lo que podría llegar a mantener medianamente estable mi enfermiza autoestima. Es por eso que me mantuve alerta a cada una de las acciones de Paula, luego de una extensa discusión fundamentadas desde la irracionalidad. Nada más patético que la inseguridad de una novia celosa, y Paula no tiene ningún tipo de pruritos al echármelo en cara, ya que según las interpretaciones que hace de mis movimientos se reducen a que todo lo que sucede es puramente mi responsabilidad.
Sin más que argumentar a una batalla que ésta vez fue gana por Paula, no me quedó otra opción que mantener mi impulsividad bajo control. Me sostuve sobre la posibilidad de que en cualquier momento todo se iría al carajo. No había mucho más que asociar porque todo estaba a la vista: sus bolsos preparados para irse lejos, muy lejos de mí.
Pero durante unas cuantas semanas las cosas se establecieron y desde ese presente el futuro dejó de visualizarse sombrío como así ella lo imagina. Eso nos mantuvo haciendo el amor todos los días porque la armonía permaneció el suficiente tiempo como para no estancarnos dentro de las ansiedades de lo que pudiera suceder.
Pero la última semana en la cual Paula retomó su carrera de música las situación comenzó a cambiar de una manera que traspasaba mi entendimiento. Días anteriores ella parecía lo suficientemente relajada como para no hacerse problema de la falta de plata o de la hermosa, pero efímera manera que nos propusimos de vivir profundamente el momento sin importar las consecuencias. Pero como suele suceder en las relaciones desiguales marcadas por una economía inestable y una cantidad de prejuicios y resentimientos, la estructura de la mentira que imparte la realidad social se posó sobre el cerebro ahuecado de Paula. Eso no pudo significar otra cosa que una constante sensación de hastío y de discursos existencialistas en los cuales, por un momento se definía como una persona totalmente desapegada del concepto de progreso, para luego deshacerlo por completo con una obsesión que ni ella puede justificar desde la lógica. Porque desde que acordamos a compartir gastos y ella se mostraba conforme con la situación ambas creímos que era el camino que, al menos, en éste momento deberías seguir estratégicamente.
Pero algo sucedió. Un día se despertó con una cosmovisión que le licuó el cerebro y ahora pretende arruinarlo todo con tonterías que ambas sabemos que no tenemos por qué preocuparnos.
¡Sí tan solo Paula entendiera que no es necesaria tanta preocupación desde lo monetario, tal vez se daría el permiso de aprovechar las situaciones que la vida le está brindando!
¡Si tan sólo Paula pudiera dejar el orgullo de lado, no le dolería tanto que el Gobierno subvenciones nuestros estudios mientras los retrógrados de nuestros padres sigan apostando en nosotras dándonos la mano que merecemos. Después de todo el rechazo de un padre a un hijo se paga y yo estoy dispuesta a aprovecharme lo más posible de esa situación!
Pero mucho antes de adivinar aquello me había quedado tranquila por en varias ocasiones le pregunté si se sentía triste porque el lujoso restorán en donde solía trabajar no le habían renovado el contrato. Su respuesta confirmó que estábamos en la misma sintonía y eso me tranquilizó. Ese mismo día se fue al cumpleaños de una amiga de la ex novia. Estaba entusiasmada. Yo mantuve mi calma porque hasta ese punto lo único que me interesaba era verla feliz, luego de tanta porquerías que se había tenido que aguantar de mi parte.
Me fui contenta  a dar clases sabiendo  que las cosas finalmente estaban funcionando entre nosotras, pero al regresar su semblante no era el mismo. Me contó que se sentía un poco mareada por las cerveza que habían estado consumiendo y pese a ese cambio tan radical para conmigo seguí siendo yo misma, acercándome a besarla para aliviarle el dolor. Pero al sentarme sobre sus piernas y acercar mis labios hacia los suyos me dio vuelta la cara diciéndome: “tenés feo aliento”. Luego de aquello que dejé pasar le comenté que había dejado mi celular en el Instituto donde doy clases, pero nuevamente la respuesta normal dentro de una convivencia no estuvo del todo apropiada:

-¿No crees que deberías estar más atenta a cada cosa que hacés? Estás todo el tiempo perdiendo cosas- su tono fue acompañado de una mirada penetrante como si de un reto paternal se tratara.

Me fui corriendo hacia el Instituto y finalmente lo encontré. Apresuré el rumbo para llegar a tiempo y poder compartir unos mates con ella antes de que entrase a cursar. Pero al cruzar la puerta del departamento la actitud de Paula seguía siendo la misma.
Le pregunté si le pasaba algo y me contestó de mala manera que no le hiciera más preguntas, que se sentía bien.
Pero yo sabía que las cosas no estaban bien, fue por eso que durante las horas que Paula no estuvo en casa aproveché para adelantar mis actividades pendientes lo más antes posible, preparar la clase para el día siguiente y hacer una rica polenta para esperarla con la comida hecha.
Eso me hizo pensar que desde nuestra última pelea esas cosas que una hacía por la otra para simplificarnos la vida cuando estamos con el tiempo al límite, ya no estaban sucediendo de parte de Paula.
Meses atrás solíamos desayunar juntas, pero desde las sentenciosas palabras de Paula en forma de ultimátum parecen haber cambiado todas las actitudes que me enamoraron de ella.
Pero por alguna razón esa noche hicimos el amor y dormimos abrazadas.
A la mañana siguiente, y como las últimas semanas, Paula se quedaba en la cama hasta el mediodía y cuando yo llegaba hambrienta no había nada preparado para almorzar. Aquello fue una alarma para empezar a poner las cartas sobre la mesa. Una mañana me desperté y le escribí una carta cuidadosamente queriendo hacerle entender que no era un reclamo ni un planteo de los cuales tanto me reprocha. Simplemente quise expresarle mi malestar acerca de una observación que temía que se tratara de un agobio que ella siente por seguir dentro de ésta relación. Pero la carta no surtió el efecto simplista al que quise llegar. Hoy al mediodía me mostró lo ofendida que se sentía acerca de lo que ella interpretó de mi carta como una manipulación condicionada por ciertas palabras que utilicé para no herir el orgullo de Paula cuando cualquier cosa que uno le exprese desde el asombro lo toma como un ataque. Me mostró la carta analizada y marcada con un resaltador y palabras al costado de cada margen de las dos hojas que le escribí. Me tildó de psicópata, y luego de tanta palabrería volvió a amenazar con irse porque según ella yo no entiendo los problemas laborales que tiene y que su expresión últimamente tan exasperante se debía al malestar por no tener un trabajo estable y estar sin plata. A veces considero que está demasiado pendiente de querer demostrarle a su familia que ella puede solventar sus gastos por ella misma. Ese maldito orgullo que debería convertirse en resentimiento, porque es la única forma de llegar a vivir de manera cómoda.
Ella me tilda de infantil, inmadura, pero yo sólo pienso que la única que está actuando como una boluda es ella. Y me da mucha lástima.

La resurrección del clítoris-Capítulo 21

Después de todo... ¿no es el amor lo que verdaderamente importa? En lo que a mi respecta puedo decir con un orgullo un tanto desfigurado que así es.  Y es por eso que me duele no haber podido comportarme de otra manera. No le entregado el potencial de todo lo maravillosa que puedo ser a Paula y eso me carcome por dentro.
He hablado demasiado sobre mi pasado. Hemos hablado demasiado de nuestros pasados.
Si ambas tendríamos en cuenta que esa verborragia y la necesidad de entregarnos en cuerpo y en alma sin mesura fue lo que nos unió, tal vez hoy Paula no se lamentaría tanto por mi estúpido pasado. Pero el ego y los celos tienen un lugar tan preponderante en ésta relación que construimos que no nos deja ver la simpleza de lo que día a día somos la una para la otra.
Ayer me confesó que el trabajo de mesera que obtuvo en ese lujoso restaurant para el cual trabaja se lo consiguió su ex novia. Obviamente no reaccioné porque ya no quiero hacer públicos mis sentimientos más bajos. No tiene sentido. He descubierto, finalmente, que la duda no me ayudará nunca a progresar en lo único que tiene sentido para mí: el amor. Pero eso no deja de hacerme sentir miserable. ¿Qué significado tengo para Paula, ahora, y en éste presente que elegimos para vivir juntas? Si la respuesta estuviera a la vista no me sentiría como me siento en este momento, y probablemente la vida no sería tan difícil.

La resurrección del clítoris-Capítulo 20

Sí, llegué a casa un poco dopada, porque debía seguir trabajando y las discusiones con Paula siempre terminan por desarmar por completo mi autoestima.
Las cosas continúan tensas y desde mi cambio de actitud creo haber puesto las cartas sobre la mesa: ésta vez sé que estoy sola, incluso cuando parece desde lo superficial que estoy en pareja. Sus insultos, la manera que tiene de expresar mi incompetencia cuando más allá de mis esfuerzos termino arruinándolo todo. Ayer supe que el amor se desgastó por completo, y se siente la frialdad envolviéndonos como si nada más que de sobrevivir se tratara.

La resurrección del clítoris-Capítulo 19

Está comprobado: la familia sólo sirve para solventar los gastos que en algún tiempo provocaron un trauma, no necesariamente irreversible, pero que no deja de significar dentro de la psiquis mental un abandono netamente emocional. Sin tener que encausarme demasiado dentro de los parámetros existencialistas. ¡No!, esto va mucho más allá de la paja intelectual a la cual solemos recurrir porque no tenemos cómo justificar la crisis que tuvieron que afrontar nuestros progenitores.
Quisiera poder confiar lo suficientemente en Paula para explicarle que yo estoy de su lado. Que formé, desde mi punto individual, un montón de proyectos para aislarnos de la familia de una manera no tan extrema que nos permitiese evolucionar desde el dinero que el mundo: el Gobierno y la familia que pretenden encausarnos desde sus propios mandatos. Con todo esto quiero decir que estoy del lado de Paula; y que pretendo ser la balanza que equilibra. Porque de eso se trata las relaciones vinculares: de ser compañeras desde los lugares recónditos que yacen sobre el aparato psíquico y la individualidad de cada una.
Hoy me desilusioné; no sólo de mí misma, sino, también de su respuesta ante mi pedido por consensuar una cita con la ginecóloga (considerando que estamos atravesando por un período sobre el que debemos atender situaciones de máxima prioridad: la salud mental, espiritual y por sobre todo física). Porque sin sobreestimar las relaciones sexuales como una parte fundamental de la relación, teniendo en cuenta que es y debe ser la base de una unión carnal, pasional que ayuda a encauzar los proyectos que pretendemos llevar  acabo juntas.
Como Paula no tiene cobertura médica decidí pedir un turno para ambas, y entonces, matar dos pájaros de un tiro. Pero, inevitablemente cuando dos no quieren uno no puede…
Así sucedió: Paula me reprochó el esfuerzo que debía hacer para “acompañarme”, dejándome a la expectativa de que a último momento me acompañaría. Obviamente su malhumor se exteriorizó desde la poca empatía para comprender que con mi mayor positividad tenía la leve esperanza de que pudiéramos atendernos en el mismo consultorio para abaratar costos. Pero tuve que darle la razón. Ahora debemos sacar un turno con otra ginecóloga para emprender el tratamiento desde un profesional particular.
Como valoro su esfuerzo, pero estratégicamente no pienso actuar de la misma manera desde donde la abordó Paula, prefiero encargarme de todo yo solita (como siempre lo he hecho). Porque es necesario que entienda que estoy pendiente de que no ponga ni un solo centavo en nada, incluso en éste momento en el cual estamos rebuscándonos para gastar la menor cantidad de plata posible.
Seré fría, racional y poco quisquillosa. Volveré  a poner en práctica mi individualidad si es que, como muchas veces me reprocha que se encuentra lo suficientemente ocupada como para comprometerse con la pareja.
Hasta último momento dudó en ir…Es por eso que éste es el momento en el cual tengo que actuar con cautela….Sin pedir ayuda, y sin dejar de ayudarla cuando ella me necesita. Por ésa soy yo: una persona que deseo desarraigarme de mi familia y sólo depender de lo único que están dispuestos a darme: dinero.


La resurrección del clítoris-Capítulo 18

No importa cuán enojada pueda llegar a estar ni cuanta represión pueda acumular en el camino porque la verdad está a la vista: no hay otro camino que el resentimiento.
Después de tanto darle vuelta al asunto tuve la valentía de verle la cara a la realidad. Puedo decir con seguridad que no son los momentos agradables los que mi cuerpo debe consumir a diario…pero hay muchas otras habilidades que desde el engaño y la negatividad me mantienen con vida. Hace unos días pude decirlo con soltura: “Si no es Paula, es la muerte.” ¿Suena amenazador? ¿Es que estoy actualmente, y justo en éste preciso momento, siendo lo suficiente amenazadora como para continuar pareciendo impulsiva y torpe? ¡No!, todo eso se acabó…Ya no tengo motivos para demorarme en sentimentalismos dentro de la gran escena que debo representar día a día en éste ridículo espectáculo de títeres.
Sí, lo sé…Paula no debería ser un malestar, ella no tiene la culpa de ser lo suficiente importante como para no poder evitar su presencia y endulzarme de ella para contrarrestar la agresividad.
A vece siento que la diferencia se hace notar de una manera tan vulgar que no puedo silenciar mis pensamientos; de todas maneras es importante no dejarme llevar por cada uno de ellos…
Las cosas han cambiado y he estado tan expuesta frente a todos éstos extraños sumamente parecidos que no puedo, simplemente, permitir que mi autoestima se derrumbe así como si nada hubiera sucedido.
Paula es una buena persona después de todo, lo que no me lleva de una manera efectiva a cerrar los ojos y esperar con paciencia a que el futuro aparezca por acto de magia. Hay que esforzarse lo suficiente para poder encauzar nuestros caminos, y aunque me he dejado fluir lo suficiente para que lo nuestro resulte, sé que “algunas” cosas han estado fuera de lugar…
Celos: emociones que desarman éste pedestal en donde cuidadosamente nos he puesto a ambas. Quiero sentirme muy segura de que somos y seremos siempre dos mujeres respetables y admiradas por nuestra humanidad….Esa humildad que el ego despelleja. Es por eso que debo curtir mi piel…Es necesario ser brillante y vanidosa…Debo convertirme en ese genio silencioso que sólo sabe cuánto vale cuando está a solas encerrado en una habitación con su propia sombra.
Estuvimos trabajando  con Paula durante nueve meses… ¡Todo un parto! Estos son momentos decisivos. Es ahora cuando el telón se sube para demostrar la verdadera cara de cada uno de los personajes de ésta increíble historia de amor.  Porque más allá de la seriedad con la que nos tomamos la rutina, siempre está el maldito ego insultando la astucia de las potencialidades que están latentes por hacer de ésta pareja una auténtica relación basada en la complicidad.
Por el momento sé que no podré decirlo en voz alta. No es tan sorprendente para mí, después de todo éste diario empezó siendo un experimento con el único objetivo de alimentar a Paula de cosas positivas que la mantuvieran alejada de lo que el mundo denominaría como mi “locura”.
Pero después de tanto pujar…Después de hacer tanta fuerza para consolidar desde la ausencia de los sentimientos maternales que me preceden, algo sustentable, puedo decir con seguridad que algo importante ha nacido de todo esto: la resurrección de un nuevo y más ennegrecido futuro se posó sobre mi mente. Una nueva idea oscura por desarrollar está aumentando mi energía, incluso en aquellos días en los que todo parece estar cuesta arriba.
La inseguridad nos sobresalta de vez en cuando con el manejo inútil de una tecnología obsoleta. Absurda y sin sentido. Nuestros trabajos y la exposición de los mismo atentan en contra del amor que nos tenemos. Éste amor que hemos construido…
La semana pasada, por ejemplo, en la cual enfrentamos a la ira con golpes e insultos, fue producto de un mensaje de texto que recibí al celular de un fulano que nunca en mi vida conocí. Debo confesar que dude del círculo de amigas de Paula e incluso de ella misma que se desvela pensando qué hacer con mis impulsos de hembra sobreprotectora. Creí en la posibilidad de que, tal vez, fuera ella quien me estaría dando una lección de su intachable comportamiento ante semejante disparate. Demostró su confianza, y sé que espera que yo haga lo mismo. Pero la verdad yace oculta sobre éstas páginas. La verdadera realidad de los hechos está impresa en un pasado no muy lejano y sólo hoy me animé a enfrentarlo poniéndome a la altura de las circunstancias. Porque lo que Paula no sabe es que estoy enferma de resentimiento. Ella no sabe acerca de mi familia ni de la decisión que he tomado al respecto. Nadie sabe de mi inteligencia. La frialdad con la que puedo afrontar las situaciones cuando de familia estamos hablando. He decido dejar de sufrir, y para hacerlo debo ir descuartizando a cada miembro. Después de todo ésa es la única razón por la cual sigo aquí, en ésta mugrosa ciudad. Nada me detendrá cuando obtenga lo que merezco…Aquello que no tuve y que hoy se hace evidente que no tengo…



La resurrección del clítoris-Capítulo 17

Un viaje tormentoso. Juro que no puedo seguir manteniéndome dentro de este sube y baja de emociones. Es demasiado absurdo para mí. Pero si no es Paula es la muerte… ¿Por qué todo se volvió tan extremo?
Desde la gran borrachera a la que me he sometido la última noche que pasamos lejos de ésta odiosa ciudad, no he querido hacer el amor con Paula. Las imágenes de los golpes, el sonido de los insultos y la sensación del suelo traspirado sobre mi espalda mientras Paula lanzaba con la fuerza de su pie patadas sobre mis costillas, es algo que ha atormentado mi mente y no puedo detenerla. ¿Ha llegado el final? ¿Es esta la última sensación  que vivenciaré a su lado? Tengo tanta desconfianza… Si de algo me ha servido el apoyo emocional que me ha brindado Paula durante éstos nueve meses, se ha esfumado con cada una de las violentas peleas a las que nos hemos sometido. Nos sometimos al alcohol, a la constante persecución de la invasión de un mundo externo al nuestro, y, por sobre todas las cosas, nos hemos sometido a la ira reprimida del pasado individual de cada una. Sé que no es recomendable para mi salud mental o lo poco que queda de ella un amor con éstas características…, pero no veo salida desde éste pozo donde vengo sumergida hace tres años desde que mi madre ha muerto.
Sólo quisiera poder encontrar la paz al lado de una persona estable que pueda trasmitirme la seguridad que tanto he necesitado desde que era una niña. La respuesta no está en la ausencia o la presencia de Paula, sino en las condiciones en las que su amor es tangible en los momentos de furia. En mis momentos de furia. Tal vez, en algún pasado no tan remoto he considerado la posibilidad de que el agotamiento de la ira se disolvería al revivir ese último momento que he vivido con mi madre: la violencia. Pero ese no es el camino, hoy puedo verlo de manera nítida, clara que me asusta y me ennegrece la mirada cada vez que recurro a los ojos de Paula buscando la calma. Quisiera poder morir o encerrarme en ese castillo donde yacen los muertos vivos a los que socialmente denominamos: locos. Quizá el neuropsiquíatrico sea una opción parecida al suicidio consciente del que tanto hablan los psicólogos. Porque otra semana comienza y estoy sin fuerzas. La alegría se evapora de manera tan fugaz que me asusta el futuro.
Paula se fue a hacer presencia a la casa de un familiar hoy en días de Pascua. Sé que mi familia no ha llamado porque internalizaron la idea de que mi actual familia es Paula, es por eso que no es importante la falta de un llamado o un mensaje de texto de ellos en mi celular. Estoy segura pensándolo de ese modo incluso si sé que es un pensamiento que con astucia mi mente genera para adormecer el dolor.
Soy posesiva y no sé si podré dejar de serlo con tanta mugre que hemos juntado éstos meses de agresividad con Paula.
Ya pasaron casi dos horas desde que Paula se fue y tengo miedo de que pretenda matar ésta relación con ciertos comportamientos suicidas de los que es consciente que tanto le temo. La droga, la reinserción o cualquier actitud lo suficientemente extrema para abandonarme por completo.



La resurrección del clítoris-Capítulo 16

Hablé con la almohada repitiéndome una y otra vez si era reamente necesario pasar por ésta tortura. También me llamé a mi misma y tuve conversaciones sin respuestas mientras acumulaba mi neurotismo dentro de la casilla de buzón de voz de mi celular. Ahora tengo evidencia guardada de esos estúpidos momentos de inconsciencia. Me pregunta “¡¿por qué?!”.
Probablemente me haya estado dando cuenta de que al convivir con Paula, un ser humano con una identidad marcada producto de la subjetividad que encierra dentro de ella tantas cosas que aún desconozco, la actitud que estoy teniendo es patética.
No hay un solo puto día en el cual no haya un planteo por el cual desgastar las pocas horas que la rutina nos permite estar juntas, y que no conversemos  extensamente  unas dos o tres horas. El tema central está a la vista: ansiedad. Pero aun así sabiéndonos tan inteligentes como para darnos cuenta, no podemos, simplemente, dejarnos llevar por la racionalidad para concretar nuestras acciones. Nos hemos cuestionado tantas veces qué tan compatibles somos una para la otra que ya no sé si la relación alguna vez se convirtió en algo serio…Una relación desde el compromiso sentimental.
Paula está cansada. Pude verlo hoy en sus ojos llorosos luego de almorzar  cuando sin decir una sola palabra se levantó de la mesa, caminó unos pasos hasta la habitación y se cubrió con una manta hasta la coronilla.
Fueron días difíciles…Nos hemos embarcado en un proyecto que por momentos nos resulta utópico, pero que sin darnos cuenta está sucediendo. Lo lógico que a veces, y desde la ceguera mental, suele disfrazarse de paradójico son éstas crisis de neurosis, celos, desconfianza, desidia y malestar continuo que padecemos desde que nos conocimos. Sucedió todo tan maravillosamente rápido que no quisiera se que consumiera con la misma  intensidad con la cual se construyó lo que lentamente estamos viviendo. No es justo para mí, pero dejando de lado el narcisismo, es mucho más injusto para Paula. Ella se merece todo lo mejor que pueda ocurrirle, y quiero poder ser yo esa persona que aligere sus miedos, alimente sus ganas contemplando el valor que sé que tiene para enfrentar cada uno de los obstáculos.
Pero algo terrible sucede en mí. Algo siniestro, oscuro. Una reivindicación constante de traumas irresueltos me acecha la mayor parte del tiempo.
Es por eso que no podemos estar en paz. Principalmente por mi culpa. Mi maldita culpa y, lamentablemente, esas ganas autodestructivas de permanecer dentro de ese círculo vicioso dentro del cual genero situaciones problemáticas para ser la culpable.
La manera en la que suelo relacionarme con las personas que amo es enfermiza, y lamento la crueldad, pero sé que mi inconsciente se las ingenia para que mi madre esté presente desde su muerte en ésta etapa de vida….De la vida real, lejos de los automatismos.
No importa. Ahora sólo es importante el momento que estamos tratando de regalarnos, como si de una recompensa se tratase, dentro de la cual mi culpa celebra su rol de victimaria. Porque aún, y más allá de mis terribles defectos, sé que Paula no me conoce. No ha llegado todavía al punto máximo en donde el amor resurge y me vuelvo una persona segura de sí mima que puede valerse por lo que es y no por las escenas caprichosas que monta cada noche.
No, esa no soy yo….Como tampoco soy esa persona neurótica que de manera extremista busca el placer a costas de cualquier circunstancia extrema que pueda plantearse.
Tampoco soy parte de la familia en la que me ha tocado vivir.
Muy a pesar  de la primera y última cena que he vivenciado en la casa de la familia de Paula, pude comprender que odia a una estereotipo de la sociedad con el cual yo tampoco me siento de acuerdo. Esa incomodidad nos une, y es ello lo  que llevará adelante todos los proyectos que hemos construido, como si de una efímera ilusión se tratase…Porque, ahora, que impulsivamente hemos decidido despejar la mente y viajar  éste fin de semana largo hacia el country de una de mis tías, sé que fortaleceremos la confianza en saber que ninguna está al lado de la otra por conveniencia. Eso no existe. Ese pensamiento hay que erradicarlo de raíz. Por eso, y volviendo a las raíces del árbol genealógico que me precede, arrancaré con furia cualquier tipo de mandato que subyace de manera oculta en mi inconsciente. Abrazaré a la persona en que me he convertido y, desde la diferencia juntaré las migajas que aquellos que comparten mi sangre quieran donarme. Una vez que me libere de las estigmatizaciones podré ser libre para amar y respetar a Paula como en verdad ella lo merece.
Una vez más nos mezclaremos entre la muchedumbre de quienes nos arruinaron la vida; pero al menos éste fin de semana y con nuestra diversión acuestas (muy a pesar de mis ataques de nervios y las dudas que te he tenido antes de viajar)  nos vengaremos de todos tan sólo permaneciendo unidas y…felices.


La resurrección del clítoris-Capítulo 15

Puede que sea la persona más egoísta del mundo y que por eso mi destino sea vivir en soledad siendo una persona infeliz, tal vez rodeada de gatos. Porque pasa el tiempo y siento que dentro de ésta relación patética, infantil y totalmente aislada de la realidad del mundo, me he convertido en un monstruo.
La escucho a Paula llamando desde la cocina mientras prepara la cena  mientras yo debería estar estudiando o al menos preparando mi clase para mañana:

-Martina ¿cómo condimentas la salsa?-

-Con una cabeza de ajo, media cebolla, sal, pimienta y orégano…-
Pero qué ganas de gritarle en la cara que la odio en las mismas proporciones en que la amo, y qué difícil se me hace permanecer quieta sabiendo que todo se viene abajo.

Creíamos haber superado la mala racha pero la enfermedad está entre nosotras y ahí es en donde yo tomo el mando y me mantengo firme sin pestañar ocultando mi envidia, mi bronca por verla tan entusiasmada…Tan liberada de estar lejos de su familia gracias a mi gran actuación de la semana pasada.
Esta relación no tiene sentido. Mis palabras de amor están disfrazadas de rencor y resentimiento debido a mi incapacidad por ser enteramente feliz. El odio se posa sobre mis ojos y sólo puedo observar como los días se consumen entre discusiones y planteos.
Esta vez son nuevamente los celos. Celos por ese futuro que tanto imaginé dentro de un mundo apacible, tranquilo: sólo Paula y yo y que hoy sea desvanece por completo.
 Pero la simbiosis no es una buena compañera para una persona que pretende ser estrella de rock o hacerse famosa y vivir el sueño de su vida.
La agresión amerita y entonces brotan palabras negativas de mi boca. Quien hiere más intensamente es quien se lleva el premio dentro de ésta parodia absurda en donde ni siquiera podemos apelar a la risa como última opción.
Hace una semana exactamente que estábamos por separarnos definitivamente. Al parecer ya se me hizo costumbre verla a Paula acomodando su ropa dentro de su bolso raído y sucio, mientras yo imploro por dentro por volver el tiempo hacia atrás….Tal vez nunca haberme tomado ese colectivo y haberla conocido. El amor me hace mal. Soy hija del resentimiento. Probablemente todo análisis que he hecho sobre Paula con anterioridad ha sido una simple proyección de lo que en verdad me he convertido. Quizá sólo somos demasiado parecidas, y nos une el sentimiento de rechazo social de una manera extremadamente distinta, pero en donde el resultado es el mismo: mierda.
Paula decidió que el arte podía ser un refugio para nuestros conflictos. Creyó realmente que podía salvarnos o volver a unirnos. Pero yo veo un futuro sombrío en mis días. No puedo amar de una manera sana. No creo haber obtenido amores sanos en ninguna parte…No sé de qué se trata todo eso que denominan “amor”.
Nos las hemos pasado publicitando cada una lo que hace con sus emociones. Ella con la música, yo con la literatura. Pero nada funciona ni funcionará si mis celos siguen manteniéndose vigentes. Estoy alerta aún más hoy sabiendo que sólo me quedan unos veinte días de ilusión. Ilusión de vernos tan juntas…De observar a Paula esperando por mi llegada mientras a mi me consumen los nervios por pretender crear una realidad paralela dentro de una rutina que no soporto. Porque sólo me importa estar a su lado. Ya nada tiene una relevancia significativa para lo que soy en donde Paula no sea el centro de atención.
Es simbiótica mi manera de relacionarme. Dependo emocionalmente de Paula. De ella y a través de ella me he alimentado….De sus angustias, de su sonrisa, de sus ganas intrincadas…De todo y cada una de las partes que conforman su persona.
No puedo seguir sufriendo de ésta manera. Sé que estoy envenenada. Quizá muera nuevamente como una rata solitaria…Quizá o si hubiera ingerido el veneno sufciente Paula nunca hubiera existido en mi vida porque yo ya estaría muerta.
Lo sé, estoy entrando en pánico porque Paula se va de casa… Porque ya no vivimos sobre un verano tormentoso en donde una dependía de la otra para subsistir emocionalmente. Ahora son los condimentos los que amenazan por destruirlo todo. Esa adrenalina que Paula necesita para vivir y que yo tanto detesto.
La vida tiene que  ser más plana. No deberíamos ser tan ambiciosas y sólo contentarnos con la presencia de una junto a la otra…Porque así es como me siento desde que Paula quiso retomar sus estudios en la música. Lo paradójico fue que yo fui la primera promotora en incentivarla en ese proyecto. Seguramente para ese entonces no había llegado a enamorarme de la manera obsesiva en la cual lo hice hasta ahora.
 La escucho hablar de su pasado y me angustia imaginarla en los brazos de otra mujer…
La observo totalmente compenetrada utilizando los medios interactivos de las redes sociales promocionando su arte a todas esas pendejas inútiles que sólo les interesa mostrar sus cuerpos en una página de Internet. Pero yo no quiero eso…Yo no quiero que la parte mundana de la relación. Rechazo de la misma manera en que lo han hecho conmigo, cualquier forma de contacto social. Odio la sociedad y ahora que Paula está tan motivada con ser parte de todo eso, la odio a ella también.

La resurrección del clítoris-Capítulo 14

El anuncio de ciertas derrotas puede ser impredecible cuando las manifestaciones de ciertos hechos se convierten en una mísera especulación de la realidad.
Un día más ha pasado. Hoy, ya es viernes y el fin de semana, ahora que el verano ya es historia  y la rutina nos atormenta con incertidumbre de lo que puede llegar a suceder; suelo experimentar que los fines de semana son demasiado cortos. Se esparcen por sí solo dentro de un cúmulo de conversaciones e interpretaciones sobre sucesos que, al menos desde mi perspectiva, son oportunidades para crecer. Evolucionar como pareja.
Esta noche apelamos al diálogo. Tal vez porque la madrugada pasada, luego del congelamiento de ciertas emociones que habían quedado suspendidas a favor del enojo después de una absurda pelea, hicimos el amor.
Durante la mañana, como suele suceder éstos nuevos días colmados de horarios, Paula se levantó sin tener porque hacerlo, a prepararme el desayuno. Actualmente tiene algunos días librados a la dulce espera de cierta propuesta laboral que parece nunca concretarse; de cualquier manera, siempre está dispuesta a hacerme el desayuno y compartir algunos minutos conmigo. Los besos suelen consumirse al compás del humo de nuestros cigarrillos matutinos. Ya no hay dulce sobre las galletitas de agua porque la heladera se rompió hace un par de semanas, lo que significa que todo lo que consumimos está destinado a ser ingerido lo más rápido posible. Con cautela, pese a los inconvenientes que no dejan de adornar éste proyecto de convivencia, tratamos de reírnos de todo aquello de lo cual no podemos encargarnos de manera urgente.
¿Podría decirse que el amor renació o que la reencarnación del odio trasgredió los márgenes de su lengua posándose suavemente sobre la humedad de mi clítoris?
A veces tengo esperanzas y sólo  me limito a posicionarme dentro de los márgenes de la positividad y considero la posibilidad de que tal vez todo esto que generalmente amenaza con destruirlo todo, se reduce a un síntoma de alarma. Quizá sólo piense demasiado. Tal vez ese sea el problema en cuestión…
De todas formas no puedo olvidarme del pasado. No, al menos, del pasado inmediato en donde con lágrimas de furia creí que nunca conocería a la familia de Paula.
Sus brazos se entrometieron dentro de mi ropa interior y la dulzura de sus manos empapó mis piernas. Fue justo allí donde renació nuevamente la oportunidad que tanto había esperado: sentirme amada por Paula.
Como todos los mediodías volví de dar clases muy acelerada, pero en éste día un tanto más especial que los que usualmente nos toca vivir, creo que movilizó a Paula a pensar que no sería del todo oportuno cargar con semejante acumulación de tensión e ir a una reunión familiar.
Conozco mi verborragia y no subestimo mi poder de adaptación más allá de que al fin y al cabo todo termine tratándose de una humilde actuación. Es por eso que ajuste mi cinturón de seguridad emocional para esos casos de extremo peligro; tomé algunos calmantes con una medida de whisky y unas cuantas pastillas de menta para no causar una mala impresión de entrada.
La mirada de desaprobación de Paula fue suficiente para crear de esa situación un aprendizaje nuevo: la próxima vez que tenga que pasar por una circunstancia similar haré todo mi ritual a escondidas. Fin del primer acto.
El almuerzo fue un desastre. Debo aclarar, principalmente sobre la mala relación que tiene Paula con su familia, y el silencio que mantuvo durante toda la reunión fue justo lo que necesitaba para comprobarlo. Pero, más allá del historial o la individualidad de Paula, puedo decir con certeza que ahora que conozco a cada uno de los personajes de lo que estuvo hablando durante todo éste tiempo, la entiendo más que antes.
La primera escena fue terrorífica: padre y madre sentados en sus respectivos lugares de autoridad: cada uno al extremo de la mesa.
No probamos bocado hasta que la madre de Paula terminó con el interrogatorio usual que suelen ocurrir cuando un desconocido está invadiendo la estructura familiar. Pero la fortuna estaba de mi lado, con esto me refiero a que cada respuesta que salía de mi boca estaba muy bien fermentada con un buen vino de esos que rara vez mi sucio paladar se puede dar el mérito de degustar.
La comida un horror, o si esa podría ser la definición de aquellos  platos adornados de verduras y legumbres con una pequeña porción de carne blanca cuidadosamente no transgénicas. Es por eso que apuré el rumbo sirviéndome cada dos bocados un poco más de vino sobre esas hermosas copas de cristal. Hasta el momento no sabía que la familia de Paula podía llegar a tener tanto dinero cuando sus discursos habituales son siempre favorables a favor de la clase trabajadora. Pero calculo que Paula encaja perfectamente dentro del cliché de los hijos odiados por nacer en donde la naturaleza por mera casualidad y bienaventuranza fueron nacidos.
Todo fue tan angustiosamente aburrido que cada minuto que pasaba entendí un poco más el agobio mental de Paula. Su silencio formaba parte de una especie de rol previamente incorporado al que parece que toda su vida tuvo que acostumbrarse.  A diferencia de Paula, yo hablé constantemente sobre política, religión y mis gustos personales más íntimos: las mujeres. Incomodé a todos los presentes con mi actitud de borracha reventada pero siempre con la frente en alto para evitar que se me cayera la careta de omnipotencia ya que los calmantes y el alcohol comenzaban a hacer efecto.
Creo haber sido lo suficientemente explícita al reivindicar mi postura acerca del lesbianismo como una forma de vida que Paula y yo habíamos decidido llevar a cabo, porque surtió el efecto esperado: nos echaron como perros de su casa.
Pero la estrategia por evitar otra de esas malditas reuniones familiares no terminó en la puerta de la ex casa de Paula, sino que mi actuación continuó  cuando premeditadamente al arrimarme para darle un beso en la mejilla a mi futura suegra, no titubeé en meterme los dedos hasta la garganta y vomitarle el chal de seda fina con el cual estuvo presumiendo gran parte del almuerzo.
Nos despedimos sabiendo que aquél sería el fin. El fin y el último acto.



La resurrección del clítoris-Capítulo 13

Estuvimos por separarnos millones de veces. Me pregunto si ésta será la definitiva. Por momento el amor nos rodea. La pasión nos dibuja ilusiones de las cual nos alimentamos y creemos poder llevar a cabo la convivencia. Pero no deja de ser difícil. Ella inhala sobre mi cuerpo la sustancia hormonal que tanto reivindica nuestras decisiones más íntimas. Toma todo lo que tengo para ofrecer de bueno y lo demás lo acumula guardándolo en silencio para echármelo en cara la próxima batalla. Porque, lamentablemente, siempre hay un segundo o un tercer round. La energía se disuelve rápidamente. Parecemos esas luces de colores que en tiempos de prosperidad los niños mecen en sus manos mientras sus bocas pronuncian villancicos rogando con fervor que los colores brillantes no se apaguen repentinamente. Ahora que lo pienso, resulta absurda la analogía. Tal vez ni a eso se asemeja éste amor…
No se me ocurren más palabras…Creo que Paula lo definió muy bien cuando con desenfado me dijo: “sos como una droga para mí…, a veces me haces sentir tan bien pero siempre sé que el bajón me espera cuando el efecto consuma mi cuerpo.”
Yo no quería todo esto. Con la mayor honestidad que pueda una persona expresar lo que siente, debo decir que mis intenciones siempre fueron buenas. En la apacible sensación de calma que pocas veces logro concretar, he soñado con un futuro en armonía. En algún momento hasta he confiado en que  progresivamente y mientras el tiempo fuera acumulándose ésta relación mejoraría. Pero nada de eso ocurrió. Al menos así es como yo lo veo…
A pesar de la depresión que trae la bronca de los malentendidos, las disputas y cada frase mal pronunciada tan sólo porque insistir en herirnos, yo amo a Paula. La quiero a mi lado muy a pesar de lo que ella pueda estar pensando en éste momento. Sé que finge. Se le nota aunque intente disimularlo. Finge cuando me repite a lo oído que me ama…, que quiere estar conmigo para siempre…. Finge porque probablemente es más fácil para ella olvidarse de lo que reamente estuvo sucediéndonos éstos últimos meses. A veces la observo tan tensa y a la defensiva que temo en decir lo que sea que tenga para decirle. Ya no se puede dialogar. La calma se esfumo lejos de casa hace tiempo…
Añoro los primeros besos. Aquellos primeros encuentros en donde todo era nuevo y justamente por eso nos teníamos respeto. Su resentimiento y mi egocentrismo parecen haber mutilado nuestras palabras. Y algo adentro mío me dice que ya nunca más volveremos a ser quienes éramos…
No puedo negar la motivación de ambas por comportarnos de manera acorde a lo que la vida nos ofrece: un departamento que no tenemos que alquilar, y algo de plata que conseguimos con algún que otro trabajo. Otras veces la ayuda económica de esas pocas personas que nos rodean apiadándose de nosotras.
Pero cuando discutimos la mierda emerge. No encontramos salida ni siquiera rememorando los buenos momentos. Padecemos de amnesia temporaria y no hay nada ni nadie que pueda salvarnos del daño irreparable que pretendemos hacernos.
Hoy, que Paula pudo estar todo el día en casa esperando por algún llamado que solicite de su persona para trabajar en donde sea y de lo que sea, sólo se limitó a mimarme como pocas personas lo han hecho. Me sentí feliz y amada, muy a pesar de mis vertiginosos horarios y la lluvia que me había empapado de pies a cabeza cuando volví en bicicleta de dar clases.
Sólo tenía una hora para almorzar y darle las gracias por semejante agasajo. La pasamos muy bien. Me sentí cuidada y Paula se sintió útil. Me mostró algunas canciones nuevas en las que había estado trabajando durante la mañana y parecía conforme. Pero la tormenta no demoró en darle un giro repentino  a la situación. Porque mi impulsividad ganó terreno y a veces me cuesta no evitar el enojo cuando las cosas se dificultan. Creo que levanté el tono de mi voz en el apuro al volver a casa tal vez porque estaba cansada de tanto pedalear. Tal vez porque las piernas me temblaron cuando en el medio de la clase el equipo de música dejó de funcionar. Quizá sólo fueron los nervios por mis malditas y constantes dudas. Mi terrible y agobiante inseguridad.
Aun así ni bien llegué al Instituto de Yoga le envié un mensaje que decía: “Amor gracias por ser tan buena novia y por comprenderme y ayudarme en todo. Me tranquilizas con tu silencio cada vez que me abatato porque las cosas me salen mal.”
Volví lo más rápido que pude. Antes de pasar por la panadería para sorprenderla con algo rico para merendar, pasé por un Instituto de Teatro en donde hace tiempo quiero comenzar a estudiar actuación. El lugar me entusiasma porque creo que es lo que necesito para descargar todo ésta energía negativa que tantas veces me desborda. El taller dura tres años y es económico; calculo que esa fue la razón principal por la cual me pusieron en lista de espera: ya no había más cupo. Aquello me generó aún más ansiedad de la que venía arrastrando desde que el apuro se sobrevino y me tentó con llevarme lejos de mi centro.
Tenía la bolsita de facturas sobre uno de los manubrios de la bicicleta, mientras que con una mano sostenía un cigarrillo que masticaba con bronca.
Al llegar a la puerta del edificio sufrí una especie de paranoia porque vi estacionada la camioneta del dueño del departamento de abajo, al cual le debo veinte mil pesos con los que tengo reparar el baño para que su techo deje de lloverle. Entré lo más rápido que pude y subí exaltada las escaleras que me llevaron hasta la puerta del departamento. Paula estaba sentada frente a la computadora con la puerta abierta del balcón que da hacia la calle. Antes de saludarla de la manera dulce y compasiva con la cual se supone que uno debe tratar al amor de su vida, sólo me limité a decir: “¿Por qué tenés las ventanas abiertas? Acá se ventila una vez al día nada más”
La cara de Paula cambió radicalmente: “Abrí porque no quería que sintieras tanto olor a cigarrillo cuando volvieras”.
Pero probablemente mi persecuta no me dejó obrar de la manera correcta, porque enseguida fui al baño a corroborar que la mochila de agua del baño estuviera bien trabada con una percha que pusimos cuidadosamente para que dejara de perder tanta agua. Pero nada estaba en su lugar. Sin elevar mi tono de voz, lo cual no significa que no mis palabras fueran las adecuadas, le marqué aquello. Y aún después de darle mis explicaciones Paula insistió en que debía hablarle de otra manera, que se sentía maltratada.
Aun así, y al ver la bolsa de facturas sobra la mesa, Paula puso el agua a hervir y me preguntó cómo me había ido en la clase. Hablamos más tranquilas, pero yo sé muy bien que la soberbia de la ira me brotaba por los poros.
Me contó que había estado usando mi notebook, o lo que yo mejor denomino como: “mi herramienta de trabajo” para grabar una canción que había compuesta esas horas que estuvo fuera. La escuchamos y el cuerpo me estremeció de admiración porque es notable como ésta vida del carajo nos está ayudando, de alguna manera a producir cosas positivas. Paula  tiene mucho talento y eso me excita. Tomé su mano y la llevé hacia una de las piezas. Nos estuvimos besando durante un largo rato. Luego me preguntó:

-¿Vas a ir a teatro hoy al final?-

Yo le contesté que había intentado anotarme en el Instituto más económico de la ciudad y que el único que la única opción que me quedaba era la de probar en aquél otro taller que salía un poco más caro, y que me quedaba lejos para volverme tan tarde en bicicleta.
Creo que la respuesta no le convenció. A veces no sé si teme por mi seguridad o es que no me ve del todo convencida en mis proyectos. Si tengo que ser sincera, mi único temor es no hacerla feliz con cualquier decisión que tome, incluso si eso implica hacerla pasar por un mal momento debido a la inseguridad social que se vive actualmente en las calles.
Opté por no ir. Era mi última oportunidad para empezar algo que realmente creo que va a hacerme bien. Pero Paula se sonrió al saber mi respuesta y eso me frustró aún más. Parece que de alguna manera proyectiva, la poca sinceridad en el diálogo y duda constante que le trasmito a ella, es provocadora de una inmensa represión en ambas. Vivimos juntas, creemos saberlo todo una de la otra, pero aun así no sabemos reamente nada de lo que anhelamos para nuestro futuro. Y de todas maneras insistimos en armar un camino dentro de la estabilidad de un proyecto a largo plazo. Ambas fingimos.
Luego de todo lo que parecía estar decidido, Paula me recordó:
-Mañana tenemos que ir a conocer a la hija recién nacida de la ex novia de mi hermano.-
Yo recordé que debía ir a cortarme el pelo.
Me fui de casa saludando con el despecho en la mano y haciendo notar mí frustración como si la culpa de mis indefiniciones de lo que realmente quiero hacer, fueran sólo decisiones que debiera  tomar Paula. Ella lo notó.
La peluquería estaba cerrada de modo que volví antes de tiempo. Tenía ganas de sentarme a escribir, a relajar un poco mi cerebro ahuecado de preguntas estúpidas. Necesitaba aprovechar la inspiración que estos días se respira en el aire dentro de éste departamento.
Paula estaba nuevamente usando mi notebook…o, mejor dicho,” mi herramienta de inspiración”. Al verla tan cómoda acostada sobre el colchón del suelo, fumando frente a la computadora como si nada más importase, me alteré sin poder evitar hacer un comentario totalmente desubicado sobre el uso y los turnos que debíamos establecer para usar “mi computadora”.
Una batalla nueva festejó la desidia de un día que estaba próximo a acabar.
Nos pedimos mutuamente respeto, al mismo tiempo que no dejábamos de ensuciarnos la boca con insultos y recriminaciones.
Lo más doloroso fue lo que seguramente para Paula fue inofensivo: “Mañana no vamos una mierda a almorzar a la casa de la ex de mi hermano. Hasta que las cosas no estén bien entre nosotras yo no te presento a nadie de mi familia.”
Me sentí ofendida y me defendí desde mi alto pedestal de intelectual y soberbia señalando las palabras vulgares que utilizaba para referirse a mi persona. Y arremetí diciendo: “Ya que me contaste que esa mina que mañana supuestamente voy a conocer es tan canchera… ¿por qué no hablás con ella de ese modo? ¡A mi trátame como a una mujer!”
Sé que pondrá excusas para que mañana conozca a su familia, incluso si las cosas se arreglan entre nosotras.
Hice el intento pidiéndole que tratáramos de volver a estar tranquilas. Pero no funcionó. Paula necesita su tiempo para sentirse ofendida, agraviada y maltratada porque generalmente suele ser la víctima, pese a que los insultos y las peleas las armamos cuidadosamente juntas.
Me di un baño mientras lavaba la ropa a mano adentro de la ducha y me lamentaba por mi estupidez. Por mis fracasos en todas y en cada una de las áreas de mi vida…Luego me acerqué a darle un beso pero su indiferencia me sobrecargó aún más de dolor; y el dolor duele ser el generador de la miseria que luego se concreta con una discusión más.
El final puede que esté cerca…, aun no lo sé…Solo desearía volver el tiempo atrás, o en cuyo caso si fuera posible, tener la suficiente paciencia para bancarme una derrota más, y con ella hundirme completamente en el agujero oscuro del autoflagelo que estamos construyendo.
Debería comprender a Paula, ella también quiere estudiar en un Instituto de música y cree que no va a ser posible éste año. Calculo que mis oportunidades y la duda que me lleva a no realizar lo que se supone que quiero hacer le provocan mucha impotencia.
No sé cómo actuar…


La resurrección del clítoris-Capítulo 12

Se perdió toda la magia. El alboroto de vivir la vida dentro de una burbuja llena de ilusiones narradas desde el inconsciente se perdió en la nebulosa. Sólo por hacerle caso a la insistencia de pretender encajar dentro de una sociedad tan enferma. Des mi lugar he aceptado la locura. La llevo conmigo a todas partes aferrándome a ella como si se tratara de un cúmulo de emociones que voy juntando desde lo que mis humildes ojos observan.
Pero Paula sólo sueña con ser Bukowsky, vivir amores tumultuosos tan sólo dentro de una película. La película Hollywoodense que los medios le vendieron. No se banca la realidad de la aspereza con la cual debe vivir el verdadero artista. Aquél que como yo es demasiado sensible para amarrar las emociones y crear a partir de lo que el mundo ha hecho de nosotros: enfermos.

La resurrección del clítoris-Capítulo 11

Cuando mi madre me abandonó, o al menos así fue como yo lo sentí, el mundo como hasta el momento lo conocía, desapareció por completo. No creo que Paula pueda entender eso…Dudo mucho, también, que mi padre pueda llegar a entenderlo. Porque su cabeza trabaja de una manera distinta, incluso en el arte no llega a expresarse utilizando como herramienta la emoción porque, desde como yo lo veo: no vive como un artista. Para él el arte es un simple juego, un capricho para realizarse desde la profesión que él siempre quiso tener. A veces me pregunto qué hubiera hecho con su vida si su madre lo hubiera abandonado: ¿Habría elegido lo mismo que eligió hace cuarenta años atrás?, ¿Sería un hombre de negocios? No importa mucho ahora, porque más allá de sus deseos más primitivos sigue siendo un hombre de negocios…, aún, incluso cuando desde un lugar totalmente snobista dice ser lo contrario.
Las conversaciones que compartimos son usualmente programadas por mí: mates en su casa, algún que otro almuerzo, y esas escurridizas palabras que repetimos como si de una actuación se tratara cada vez que trae a mi hermanita a  casa y se queda parado en la puerta con temor a que le pregunte si quiere subir a compartir unos minutos de mi vida.
Usualmente suelo pensar que sólo me brinda su ayuda con el único objetivo de salvarse el culo cuando la mierda le llegue a la conciencia, y entonces caiga en la cuenta de que es responsable de tantas cosas que me pasaron…Después de todo no soy otra cosa que una parte del fracaso de lo que fue su primer matrimonio. Tal vez por eso yo aprendí a verme, también, de ese modo.
Pero…entonces, ¿qué pasa con Paula? ¿Por qué ella también lucha constantemente con el deseo que a veces asoma sobre aquellas frases que repite sin medida cada vez que discutimos y arma el bolso para irse lejos de ésta casa?...de éste amor…
Probablemente, y engendrada desde el fracaso me he convertido sin darme cuenta, en una persona de mierda.



La resurrección del clítoris-Capítulo 10

Quiero destruirlo todo pero no puedo….Me es imposible. Ésta estúpida relación de amor no tiene absolutamente nada que ver con lo que alguna vez planeé en mi mente…No tiene sentido ni siquiera con todo los consejos impartidos por personas ajenas a ésta convivencia agresiva y engañosa que parte de mi familia añora como un futuro prometedor para mí. Seguramente especulen con que la muerte se irá lejos de mi mente si me mantengo aferrada a Paula, si logro con lo poco que queda de mi lucidez la fortaleza suficiente para llevar a cabo ésta tortura. Porque ya no sé si el amor existe más allá de los orgasmos….

La resurrección del clítoris-Capítulo 9

Mi falta de compostura y la poca femineidad que raramente conservo me desquician cada momento en que Paula está lejos y recuerdo todas esas conversaciones y planteos sobre su ex novia. Nunca podré ser más hermosa que ella. Me sobró tiempo para realizarme como persona y hoy todo lo que Paula puede obtener de mí es dinero y un departamento lúgubre, contaminado por un aire espeso luego de tantas conversaciones con la muerte.
Estoy paranoica. Traté de hacer las cosas como debía, disfrutar de la vida, evitar la ansiedad y mantener el equilibrio durante éste último fin de semana, pero me fue imposible. Por eso la paranoia, porque Paula se fue a una cubrir a una amiga en su puesto de camarera y si hubiera podido evitar mi presencia ésta mañana lo hubiera hecho.
Estoy cansada de sufrir para tener que relacionarme, tener una vida activa dentro del plano social. No puedo. No quiero. Me duele mucho.
La ex novia de Paula es una chica segura de sí misma, auténtica y mucho menos problemática que yo. En una ocasión Paula comparó la forma que tenemos de tratarnos con su antigua relación y desde ese día se muy bien que llevo todas las de perder.
Otra vez estos deseos de morir en el intento. La imagen de ellas compartiendo momentos, inmortalizando un beso dentro de aquella foto que encontré en un cuaderno viejo de Paula, me produce náuseas. No puedo comer, sólo deseo dormir muy a pesar del repentino llamado de aquél amor que partió con ganas de no volver más a casa avisándome de que llegaría más tarde. Su conducta no me resulta sospechosa porque fui yo quien en primera instancia le pedí que comenzara a estar más comunicada conmigo cuando se iba de casa. Lo que es inexplicable es la precisión con la cual percibió que todo esto estaba ocurriéndome y decidió llamarme. No pude decirle cuanto lamento ser tan obtusa de mente, tan inservible dentro de la espiritualidad que tanto repito a diario en mis actuaciones como profesora de yoga, y todo lo patética que puedo ser cuando me emborracho. ¿Tengo que renegar nuevamente con la posibilidad de que esa llamada fue producto del azar? Tal vez no pueda hacer otra cosa que confiar en el destino, muy a pesar de que lo que más desea mi corazón en éste momento es que la ex novia de Paula desaparezca para siempre de nuestras vidas, del planeta tierra….Algo o alguien debe exterminarla.

La resurrección del clítoris-Capítulo 8

Un cigarrillo tras otro. No puedo dejar de fumar como tampoco puedo dejar de mover mis piernas nerviosamente mientras estoy sentada en la cocina mordiendo mis palabras con la ilusión de deshacerlas por completo.
Otra vez recluida a la angustia del arrepentimiento.
Una discusión más con Paula y el ahogo de sentirme impotente ante la impulsividad de mis reclamos.
¿Cómo podremos vivir bajo un mismo techo siendo tan diferentes por momentos? Eso me recuerda a la incongruencia en el discurso de Paula cuando ayer mientras el sol asomaba sobre nuestras cabezas y la arena  nos mojaba los pies, ella  decía cuánto necesitaba de mi fuerza para hacer lo que más le gusta: música.
También dijo que nos parecíamos, que somos dos personas que van hacia una misma dirección y que es por eso que debemos permanecer juntas.
Pese a la auto- discriminación social y la consciente depresión que a veces se apodera de los momentos, hay una especie de esperanza que nos contiende durante las pocas noches que llegamos a rodeador nuestros cuerpos sobre el colchón y, entonces, esperamos a que el dulce sueño nos atrape. Porque desde que nos conocimos y comenzamos éste proyecto en el cual el único objetivo concreto es hacerle frente al mundo y a todos los prejuicios sociales, fueron pocas las veces que hemos podido llegar a observar la paz de la culminación del día.
Usualmente llenamos las horas discutiendo, amargadas por la incertidumbre del futuro. Totalmente agobiadas por éste bache de estancamiento al que las circunstancias económicas nos sometió. Sólo nos queda ver pasa el tiempo y apostar  por un nuevo mañana que se asiente sobre los cimientos de una estabilidad emocional que ninguna de las dos tenemos.
Pero... ¿cómo explicarle a Paula que yo no tengo fuerzas? Ya no me quedan fuerzas. He perdido toda la poca energía que aún conservaba el día antes de conocerla. Ese día que planeé mi muerte e incluso eso me salió mal.
Discutimos por el ruido. La música a todo volumen con la  cual Paula solía disfrutar cuando todavía vivía en casa de su madre y que no pudo traerla a convivir aquí conmigo porque al parecer yo necesito silencio. Hay tanto ruido en mi mente que el sólo hecho de escuchar un zumbido impartido desde los enormes auriculares que cubren la cabeza de Paula me resulta molesto. ¡Sí! soy insoportable. Mi madre solía decírmelo constantemente y a veces dudo que quizá lo mismo le sucedía Paula con la suya. Quizá esa es la única manera que encuentro para justificar la realidad que tanto me he estado negando. Busco dentro de su historia para que no me duela tanto sus frases sentenciosas y esa manera hiriente  a la que apela cuando se siente atacada: reducir mis acciones y englobarlas dentro de un estigma con el cual pueda simplificar mi persona y ponerle un nombre distinto: insoportable, enferma, depresiva, psicópata, suicida, egoísta, narcisista…
Probablemente no le convenga estar conmigo.
Ahora que las cosas quedaron expuestas y que Paula concluyó la discusión arrebatando todos los actos de verdadero amor y las palabras dulces que muchas veces he tenido para con ella, al simple hecho de que: estamos juntas porque yo no quiero quedarme sola.
Eso me dolió muchísimo. Me duelen sus palabras, su mirada de reojo y la agresividad que imparten sus gestos.
La comida está servida, y ahora que Paula ha decidido tomar las riendas de su vida muy a pesar de los obstáculos que pueda causarle el malestar de ambas, yo no tengo más nada que hacer. Porque estoy a punto de romperme en diez mil pedazos. Soy la mujer rota que vela por una caricia de sus manos porque en ella existe el amor que nunca antes había conocido.
Le serviré su almuerzo mientras trabaja en sus proyectos y le mentiré sobre mi estado anímico que terminó de declinarse en el preciso momento en el cual comenzamos a desconectarnos una de la otra. Porque no puedo ni tengo ganas de hacer nada si no estoy bien con ella. La mínima disputa me lleva a dormir un sueño profundo con el cual esperaré por un nuevo día. Tal vez una oportunidad de volver a sentir que todo estará bien y que me amará sin importar más nada.

La resurrección del clítoris-Capítulo 7

A veces realmente considero la posibilidad de que Paula esté aprovechándoseme de mí. Dudarlo no es una simple fantasía impartida por mi mente para hacer de mi vida mental una realidad  aún más miserable porque los hechos están a la vista. Me conoció en uno de los peores momentos de mi vida y eso no es decir mucho cuando hablamos de una persona que sólo comenzó a vivir a los treinta años. Porque creo que empecé a darle sentido al cúmulo de hojas apiladas sobre la mesa del living y a la cantidad de horas mal gastadas caminando sin parar en busca de un empleo cuando Paula apareció en mi vida. Pero muy contrariamente al bastón emocional que yo encontré en ella como una posible motivación para hacer del mundo un lugar un poco más amable; Paula sólo se queda sentada mirando la tv mientras recoge las migajas de lo poco que hay en la heladera para comer. No busca trabajo, no hace nada para darme a entender que al menos se valora un poco más de lo que yo hasta el momento puedo hacerlo.
No nos unió el amor, nos unió el odio y el resentimiento de una sociedad destruida. Somos una generación de personas abandonadas confinadas en un sector específico de la sociedad en donde el aislamiento y la alienación se retroalimentan.
Y entonces crece la desconfianza porque también crece la desigualdad. Somos pobres y no tenemos mucho para dar porque tampoco tenemos mucho en qué creer. Tal vez por eso no confío en ella. Tal vez por eso nos amamos y nos detestamos en las mismas proporciones.

La resurrección del clítoris-Capítulo 6

Soltar….
¡Yo no juego más! He decidido que desde el vacío que acumulo día a día fomentado por una situación irreversible de algunas decisiones del pasado, en éste presente no puedo hacer otra cosa que sentirme libre. Libre para expresar mis humillaciones más exquisitas. Libre de no mirar hacia el costado y encontrarme con esa presencia fantasmagórica que suele representar Paula en éste entramado de imágenes proyectivas.
Me rehuso a ser parte de éste espejismo.
Me rehuso a acumular paranoias producto del odio intenso que suelo tenerme a mí misma. No puedo ahogarme en el resentimiento de Paula porque si lo hago sólo conseguiré ahondar en mi miseria.
Ésta relación no es más que una representación de las demanda externas que figurativamente se interconecta con lo que se pretende de mi futuro.
 Pero ya no puedo vivir con ansiedad. Estoy harta de mitigar las penas en alcohol para luego levantar cabeza y asumir culpas por cosas que desde la honestidad más urgente fueron y seguirán siendo necesarias.
Desde que conocí a Paula que no he dejado de replantear cada uno de mis actos, como si su persona fuera juez que sentencia mis errores. Por esa misma razón decido apartarme de todo y de todos…
A partir de ahora mis palabras serán mutiladas y no habrá noches de diálogos intensos. No habrá cortina de humo que envuelvan mis labios prolongando un trágico beso de madrugada.
No quiero explicar por qué he tomado ésta decisión de abstenerme del costado social de la vida. Porque a diferencia de lo que Paula sentencia en cada uno de sus discursos socio-políticos  creo que existe la sociabilidad sin emoción. Por eso si debo alimentar una sonrisa de aprobación para satisfacer la comida de cada día lo haré sin emoción alguna que pueda generar un posible lazo sentimental.
No. Ya no habrá sentimiento porque no pretendo complacer a nadie con mi amistad. No necesito del amor ajeno y si puedo evitar la presión que subyace en la simple idea de vivir con otro, lo haré sin ninguna duda.
Por el momento sólo seré testigo de cómo se desvanecen los viejos sueños de un camino en comunión hacia la ilusoria felicidad…
Observaré cómo Paula obtiene el placer de verme actuar en pos de lo que pretende de mi persona: que viva con el riesgo de sentir que todo se puede desmoronar en cualquier momento…La realidad extrema de saber que en algún día  ya no habrá un mísero plato de comida para subsistir. 
Porque todo lo que me rodea es aspereza, cuestionamientos y ésta ácida manera de vigilar mis pensamientos.
Paula pretende verme sedienta sobre el ahogo existencial de los problemas que yacen en su mente...Y yo no puedo respirar en un ambiente en donde los mandatos vomitan incansablemente el whisky de la indiferencia.
Me he convertido en un parásito…Soy el parásito que duerme inconsciente sobre la lengua de Paula…Soy esa muñeca atormentada con la cual le gusta jugar a las escondidas envidiando cada una de mis posibilidades.
En seis meses de convivencia sólo logró que me movilice de manera intermitente sobre el arrepentimiento de una conciencia asfixiante que naturalmente siempre me generó culpa.
Porque de eso se trata todo: culpa.
Culpa por tener una familia que intenta darme una mano para que pueda encontrar la paz.
Culpa por los aciertos y las equivocaciones que me permití a través de la exploración del espacio y del tiempo transcurrido hasta ahora…
Culpa por ser yo la imagen de todo lo que ella no tuvo nunca: una mísera posibilidad.
Me libero de las discusiones, de la falta de respeto y la ebriedad de ayer a la madrugada en donde Paula vomitó con cada lágrima  sus inseguridades más concretas.
Me libero porque desde la locura más sensata sé que no puedo hacer otra cosa…
El dolor de la impotencia por no poder ayudarla me moviliza hacia otro rumbo. Sé que viviré con el peso del arrepentimiento si no sigo a su lado, por eso es que decido callar.
No se puede crear nada desde la soledad, pero tampoco puedo hacerlo en compañía de la negligencia social de un sistema que sólo consigue nutrirnos de envidias…, diferencias…
Tal vez sólo pueda hacer como el resto y unirme a la indiferencia.

La resurrección del clítoris-Capítulo 5


A veces  no puedo evitarlo y simplemente me encuentro extrañando el silencio…Luego viene la otra cara del recuerdo enceguecido que  lleva y trae la mente cuando suelo ponerme melancólica: la asfixia. Porque luego de la nostalgia viene el ahogo y fue justamente aquello lo que me tuvo tanto tiempo atrapada dentro de un pozo oscuro: la depresión.
Recuerdo la vida sin el amor.
Recuerdo la vida sin Paula.
Recuerdo las horas antes de poder conciliar el sueño: acostada mirando el techo, el silencio recubriendo cada rincón de la habitación…Amarrando mis palabras que adormecidas intentaban traspasar el letargo sonoro de esa inminente fuerza: el silencio.
Sin embargo, y consciente de la experiencia del vacío absoluto, hoy ya no aguanté más el aturdimiento. Paula postrada ante el monitor de la computadora que tenemos en el living. Estropeando el ambiente con sonidos que viajaban al compás del movimiento de sus pies que buscando un ritmo golpeaban el suelo.
Paula desempleada, intentando no malgastar el tiempo con todos éstos cuestionamientos que yacen silenciados sobre mi mente pero que, por momentos, parecen ser tan invasivos…
Ambas notamos el sudor de mi frente. La lucha interna por no dejar que éstos penetren sobre la burbuja de ésta alegría ficticia a la que solemos someternos. Pero la verdad irrumpe la escena y nuevamente caemos en la tentación por destruirlo todo sin importar cuán insoportable resulte volver a tener que toparnos con ésta tediosa realidad.
Tal vez deberíamos parar de reflexionar sobre nuestra existencia actual y dejarnos llevar por la frivolidad de cada instante… Imagino que no debe ser nada difícil, sé de mucha gente que puede vivir de esa manera sin padecer los complejos que suele impartir la sociedad cuando uno logra, finalmente, aislarse y ser feliz…
Tal vez deberíamos martillar nuestras cabezas al tumultuoso ruido y no permitir escuchar más que lo que el entretenimiento tiene programado para nosotras.

La resurrección del clítoris-Capítulo 4

En realidad no hay nada por lo cual realmente preocuparnos…Es una lástima haberlo descubierto una vez que la temporada de verano está finalizando pero de todas formas quizá tenga una posibilidad de empezar nuevamente de cero con ese aire de frescura que tanto ansiamos en silencio. Porque la desventura que hemos vivido se ha cristalizado entre cuestionamientos tan absurdos que rayan la psicopatía enfermiza de un amor a punto de disolverse. Pero obviamente no puedo ni tengo la intención de inmortalizar cada una de las situaciones en las que mis equivocaciones lograron arruinarlo todo. No pretendo hacer de mis errores un argumento posible para enterrar lo que queda de mi autoestima dentro de un círculo vicioso de culpas y victimizaciones.
Luego de haber bebido media botella de gin durante toda la tarde con la única intención de mitigar la fobia que me produce para dar clases de yoga, volví con la moral metida en uno de los bolsillos de mi jean sucio y agujereado. Pero no me arrepiento de nada, estoy preparada para enfrentar las consecuencias de mis actos, tal vez porque he decidido darle el nivel de importancia a lo que realmente me hace bien. Paula es una de las personas que quiero rescatar del vertiginoso paracaídas que suele ser mi estado anímico.

La resurrección del clítoris-Capítulo 3

Quisiera poder conversar con una amiga sobre este ataque pasional que se apoderó de la poca inteligencia que aún conservo, pero soy una persona reservada y prefiero evitar ventilar mis defectos sobre oídos ajenos. Por eso es que bebo. Estoy acá sentada, bebiendo un poco de tequila con jugo de limón, abrazando la ilusión de poder saciar mis ansias de acorralar a Paula con preguntas cuando ésta se digne a volver al departamento. En casos como éste es cuando me cuestiono mi capacidad para mantener incluso relaciones de a dos. Creo que beber a veces puede ser mucho más sano que la sensación de desprotección que me produce el hecho de desnudar mis sentimientos frente a una persona. Pero la bebida usualmente no alcanza. No cuando el peso del agobio mental es demasiado grande y se construye lentamente un diálogo interno que no deja de palpitar en el pecho. Es por eso que adjunto mi estado de ebriedad  al papel para encerrar la catarsis en algún lugar seguro en donde nadie pueda verlo. Tal vez Paula debería hacer lo mismo…
Me recuesto un poco sobre un hombro y mirando al vacío me pregunto: “¿por qué mierda dejé que se fuera la alegría que experimenté hoy a la mañana?”. Si evalúo la situación detenidamente sé que caeré en un bache doloroso que pretendo evitar. Tal vez por eso el ataque programado por mi mente y estos repentinos celos.
Enciendo un cigarrillo y pienso: “¿por qué tengo que ser tan racional todo el tiempo? ¿Acaso no es importante descubrir un poema de tu actual novia dedicado a una ex novia?”.
No debo negar lo evidente: tengo celos. Estoy llena de envidia por esa atormentada veinteañera de cara bonita. Envidio la cantidad de posibilidades que aún le quedan. Porque todos esos años que he desperdiciado a favor de una vida estancada en pensamientos de mierda, ella los tiene para poder hacerse cada vez más bella y socialmente adaptada.
Porque yo no creo tener nada concreto para ofrecer más que un techo y un cama cómoda para que Paula (también desempleada como yo) pueda acurrucar esos sueños en los que su ex novia aparece como un fantasma.
No hay nada que pueda remediar mi malestar porque ni el dinero ni la posibilidad de empleo  podrían  llenar éste vacío. El amor hasta ahora funcionó tan sólo como un maldito placebo sobre el cual verter emociones que ya estaban muertas de ante mano. Tal vez porque yo ya estaba muerta cuando Paula me conoció. Porque cuando uno pasa tanto tiempo esperando por una oportunidad laboral que dignifique la integridad personal para poder desde ahí solventar un proyecto a futuro, como una carrera profesional, es imposible mantener una estabilidad emocional.
Pero Paula nunca entendería lo que estoy sintiendo…. No puede hacerlo porque más allá de la falta de dinero familiar que solvente un estudio, ella aún conserva la fuerza que le brindó la independencia de saberse importante, capaz….Entre Paula, su ex novia y mis celos hay 4 años de equivocaciones a favor de ellas…